Y bueno, ¿qué es lo que está fallando? No quisiera pensar que son las pequeñas cosas, porque esas piezas no las puedes reemplazar; tampoco quisiera pensar que son las grandes, porque esas piezas son costosas. Entonces, creo que quisiera que me digas que está todo bien, que debajo está todo bien, que hay rayones y partes abolladas, pero que está todo bien. No me importa si hay dos cosas, o tres o cuatro, que tengan que llevar diurex y plastiloca y cintas de por vida; igual y no le quiero mover demasiado. No es miedo —aunque especificarlo sea síntoma de lo contrario—, es más bien que no me importa que en un movimiento brusco todo se rompa, se desarme, que se olvide el estado original del asunto y parezca saludable conservarse en la ruina, que le estallen los costados y eructe sus esencias. No quiero que le echen ojo a las partes pequeñas, que piensen que fue una explosión; sí, una de esas colisiones contra un muro relleno de nombres de políticos y conciertos expirados, un choque de esos statim mortem, donde te avientas a la eternidad machacada y solo queda de ti tus muelas y tus testigos. Dime que viene jodido desde que salió de la fábrica, que no fue culpa de dónde anduvo ni de dónde lo dejé. Ya no prendas tu pinche linternita entre los recovecos que parecen mírame y no me toques; déjalos así, hombre, va a estar bien. Es que todo está bien.
Fotografía por Xiang Tiange

Escritor y fotógrafo de la Ciudad de México y la Baja Norte. He montado un catafalco alrededor del estridentismo y el infrarrealismo olvidado.
