¿En qué piezas o proyectos has estado trabajando últimamente?
Recientemente pude revelar algunos rollos que había estado postergando. Los disparé durante el lapso en el que rodé y estrené un cortometraje que también escribí y dirigí. Apenas ahora, en agosto, en la Cineteca Nacional de mi ciudad (Mérida, Yucatán): “Si está en su memoria, podemos llevarle”.
Para dar un poco de contexto sobre qué va: a grandes rasgos, es un drama de ciencia ficción con una estética retrofuturista. Cuenta la historia de Omar, un anciano nostálgico que vive en un mundo devastado por el colapso ambiental, quien un día se encuentra con un comercial que ofrece una extraña promesa: la posibilidad de volver a un recuerdo y vivirlo una vez más.
Adentrándonos un poco más a lo que subyace en su trama, esta historia nace en un darse cuenta. Y es que a menudo me parece que, más que recuerdos, son sueños lo que tratamos de retener. En ello, supongo, radica en parte la imposibilidad de prolongarlos, de —al menos en mi experiencia— sentirlos plenamente.
Ahora que por fin vislumbro las fotos resultantes, algunas en el rodaje, otras fuera de él, yuxtapuestas con este presente que ahora habito, multitud de símbolos me encuentran. Puntualizan y recontextualizan ambos procesos.

¿Qué aprendiste (o desaprendiste) mientras trabajabas en ello?
Que los símbolos están en todos lados y que, de lograr integrarlos en la experiencia y en el proceso creativo, pueden enriquecerlo demasiado. Que uno debe estar atento a los símbolos que se pueden encontrar en el exterior. No porque sean una manifestación del porvenir o porque el efecto que pueden ejercer sobre nosotros sea de naturaleza supersticiosa, sino porque son una manifestación de lo que hay dentro de uno mismo, de los procesos que acontecen en el interior.
Hay una foto en particular que saqué después de concluir el rodaje, al volver al muelle en donde habíamos grabado la escena que cronológicamente era la última. Quería grabar un insert de cómo había quedado el lugar.
Aquella escena, irónicamente, fue la primera que grabamos. Consistía en que nuestro protagonista, después de verse inmerso en el procedimiento para volver al momento de su elección, llegaba a este muelle. Era aquí donde transcurría su recuerdo. Dentro de la ficción, para Omar, este muelle y lo que en él aconteció constituyen el símbolo de otros tiempos, tiempos mejores.
Aquel muelle, que en el mundo real está ubicado en Chelem, fue devastado por un fuerte oleaje provocado por la cercanía del huracán Milton en octubre del año pasado, cercano a las fechas en que habíamos dado por terminado el rodaje. Aún sin contemplar aquella toma adicional que no había forma de prever. Así, este símbolo terminó de unificar, primero en la ficción, la historia. Pues el insert que grabamos fue el del muelle devastado. Este se usó, en el montaje, para hacer un intercut entre el recuerdo y el presente. El contraste es más que evidente y nos habla de una pérdida ineludible: la de una impresión pasada.
Después, en mi realidad, aquel símbolo constituyó para mí algo cercano a lo que constituyó para Omar: un símbolo del cambio, aunque con la adición y la fortuna de estar acompañado por la consciencia de que este no siempre es necesariamente malo.

¿Qué palabras, ideas o emociones te rondaban la cabeza?
Memoria. Nostalgia. Recordar. Las impresiones que se velan como de luz artificial…
Que de todas las cosas con las que uno debe lidiar a lo largo de su existencia, es quizás la memoria una de las cargas más pesadas, tan imprecisa como precaria e ilusoria.
Uno busca constantemente en su vastedad, a través de estrechos y, en apariencia, atestados callejones, impresiones que no van a volver: personas, lugares o momentos. Solo para encontrar que aquellos rostros, discursos y fachadas, apilados en nuestro interior, todo el tiempo estuvieron, por decirlo de una forma burda, vacíos.
Por detrás no había nada más que el atisbo de la propia persona.
Que el mundo y las impresiones que me han quedado de él no son sino una extensión de mi interior.
¿Hubo alguna conversación, película, música o libro que se haya colado en ese trabajo?
La inspiración vino desde diferentes direcciones. La música de Radiohead, sobre todo las canciones de Kid A y A Moon Shaped Pool. Los cuentos y las novelas de Philip K. Dick y de Bradbury. El mito de Orfeo y Eurídice. Eternal Sunshine of the Spotless Mind. Brazil de Terry Gilliam. Terry Gilliam en general. Blade Runner también.

¿Qué fue lo más difícil que has enfrentado últimamente en tu proceso creativo?
Alguien alguna vez me dijo que mis personajes siempre suelen terminar mal. Que mis historias siempre oscilan entre el recuerdo y la tragedia. No pienso que esto sea algo necesariamente malo, siempre he pensado mis historias como una forma de canalizar ciertos sentimientos y emociones que de otra forma terminarían por desbordarse, de girar en la dirección opuesta al destino que suelen tener mis personajes. Sin embargo, aquella observación me ha hecho algo de ruido.
Últimamente, ya con este proyecto concluido, pienso que una de las cosas más difíciles con las que me he encontrado es el cambio de dirección y de tono al escribir. He querido explorar otros géneros y adentrarme en la comedia, llevar a mis personajes ahora en dirección opuesta. Esto ha sido parcialmente la causa de un bloqueo creativo que ha persistido durante este mes y del que espero salir pronto.

¿Cuál es tu restaurante favorito y qué nos recomiendas pedir?
Tama Shokudo. Es un pequeño restaurante de comida japonesa estilo showa aquí en Mérida. Tengo entendido que su concepto busca evocar la comida japonesa de hogar. El espacio se siente verdaderamente como estar en Japón y, si alguna vez lo visitan, el tonkotsu ramen es obligatorio.

Si este mes tu vida fuera una película, ¿qué título tendría y quién haría el soundtrack?
“Sin título”. Y ya sé que esto no me lo preguntaron, pero sería una comedia meta-narrativa como Adaptation de Charlie Kaufman. Sobre mi bloqueo creativo y del guion al que aún no he podido nombrar, de cómo decido darle libre albedrío al personaje que intento escribir, escribiendo en el guion que el mismo guion cae dentro de su mundo, dejándolo por una vez decidir y alejándolo de los finales trágicos que suelo darle a mis personajes.
El soundtrack lo tendrían que haber hecho los Beastie Boys o Plastilina Mosh en sus facetas más jazz/funk.

Recomiéndanos algún artista que sigas, que te inspire, y dinos qué es lo que más te gusta de su trabajo o de su forma de trabajar.
Max del Río. Es un güey de Campeche que hace cortos y hace poquito sacó su película. Creo que también la subió gratis a internet para que todos puedan verla. Se llama La Película. Su jam es la comedia, pero siempre he pensado que lo que hace tiene mucho corazón y autenticidad. Pienso que su película es la prueba de que sí se puede hacer cine aquí en el sureste. Tiene chistes muy específicos y adaptados a un contexto que me es común. Todavía me acuerdo cuando una vez de morrito lo ayudé actuando en un corto y fue una experiencia bastante surrealista y disparatada.Se me trabó para siempre esa anécdota. Es una de las personas que me acercaron al cine.

Nacido en Campeche en 2001, reside en Mérida. Desde joven encontró en el arte una forma de dialogar con el mundo. Su obra explora el tiempo y la narración como medios para captar lo esencial de lo humano, especialmente a través de la fotografía y la palabra.
