Carla, para ir cerrando la sesión me gustaría sólo recordarte que estás haciendo todo lo que puedes para estar bien y es suficiente, no estás exagerando y lo que viviste sí fue un abuso.
Di las gracias, me despedí y salí de la llamada. Esas palabras tuve que decírmelas en voz alta el resto del día, por momentos buscaba un espejo para poder verme a la cara y tal vez así ayudar a mi cerebro a que asimilara que sí estaba siendo honesta conmigo pero cuando no lo estaba diciendo o cuando no tenía con qué distraerme el agobio de pensar que mis amigos no me creerían cuando me vieran en persona me raspaba el pecho y se instalaba sobre mis hombros como si una placa de acero con picos estuviera colocada con broches que no podía quitar.
¿Y si ella les ha contado una historia distinta y a ella sí le creen? No me sorprendería la parte de hacerse la víctima y justificar cada uno de sus actos poniéndome a mí como una exagerada, ¿pero si ellos le creen? ¿Entonces yo qué soy, quién soy?
Tal vez sí exageraba al seguirle dando vueltas al tema.
Me preocupan varias cosas constantemente, principalmente las que no están en mis manos aún sabiendo bien que no debía mortificarme por las cosas de las cuales no tenía agencia, aun cuando mi psiquiatra y mi psicóloga me lo repitan en cada sesión. Mi idea sobre la “lealtad” estaba bastante distorsionada al igual que mi autopercepción, lo cual no es raro después de sufrir abuso o al menos eso escuché y leí en los libros de psicoterapia que me fueron recomendados por médicos y amigas, me encantaría poderme haber aprendido aquellos párrafos textualmente para poderles citar sólo en caso de ser necesario al defender mi postura, y al mismo tiempo con una mano imaginaria trataba de frenarme al convertir una plática, ya bastante difícil, en algo parecido a una defensa de tesis.
Tus amigos no deberían necesitar que te justifiques para creerte, y mucho menos que les repitas textos de libros como lorito. Quienes quisieron ignorar el hecho de que es una agresora ya se retiraron, y por tu bien qué bueno que lo hicieron.
Lo que viviste sí fue un abuso, no estás exagerando, estás haciendo todo lo que está en tus manos para estar bien y es suficiente, me digo una y otra vez, una y otra vez. Perdiste un trabajo debido a tus crisis nerviosas, recurriste a aislarte para evitar a toda costa ver algo relacionado con ella, con Puebla, para no cargarle esas emociones a tus amigos, te ahogaste en las madrugadas al no saber de dónde jalar más aire y las paredes de tu casa se volvieron de arena y aire más de una vez cuando algo hacía corto en tu cerebro, te brotaron miedos de semillas que te aventaron en donde debían de ir las flores que nunca llegaron y el arrancar hierbas del monte es difícil aún teniendo guantes especiales, a veces y en los peores casos son necesarios hasta químicos para poder terminar con la plaga, los químicos no sólo van a atacar el problema de las hierbas intrusas pero la cosecha también puede verse afectada y en este caso fue un riesgo que se tenía que tomar, un “herbicida” mental.
Pero si ellos no me creen, ¿qué voy a hacer? No puedo salir corriendo, no quiero tener un ataque de ansiedad ahí, tampoco quiero hablar de eso en ese momento, no quiero, no quiero, ya no quiero pensar tanto ni sentirme así, ya no quiero tener tantas dudas, no quiero tener miedo, no quiero preguntarme si ellos me creerán, no quiero pensar en que tengo que decirlo pero soy yo la que se está obligando a hacerlo, no quiero que sientan lástima por mí, sólo quiero que sepan la verdad, quiero que sepan que lo que viví sí fue un abuso, no estoy exagerando y que estoy haciendo todo lo que puedo para estar bien aunque a veces no sienta que es suficiente.

