¿Y qué si me pienso como pasado?

Apartado ya en una tarde, con hambre de por medio y una calle por pasar, me encontré caminando con mi hermano. Su curiosidad es tan profunda e inocente y me inquirió con vaguedades que de mí usualmente salen -¿los antiguos se reconocían como antiguos?- me preguntó. ¿A qué te refieres?- le devolví la duda. -No sé muy bien- continuó -sólo que me pareció curioso un hecho. Nosotros nos referimos a los presocráticos como presocráticos a manera de estudio; para acercarnos a ellos es preciso referirnos a un momento en que surgió su pensamiento, que, de alguna forma respondió a un hecho histórico, pero es que Tales saludaba a Anaximandro diciendo: «hola, amigo presocrático» u alguien en el ágora decía «miren, ahí va un presocrático» o «ayer me enteré que un presocrático se cayó a un pozo» No lo hacían o no lo sé, lo que sé es que se ocupa esa denominación por nosotros, y por nosotros me refiero a gente que pertenece a esta época o a una época más allegada a nosotros.
De alguna manera nos es fácil hablar de antiguos como aquellos que pertenecen a un pasado, a hablar de futuros a los que ocuparán nuestro lugar cuando nuestra existencia acabe ¿por qué será que hay una infinidad de formas de nombrar a nuestra época? Que por aquí nos llaman posmodernos, que de otro lado nos llaman modernos, que por otro nos llaman contemporáneos e infinidad de denominaciones que buscan caracterizar a la época. Y esto me llevaría a suponer que por alguna razón buscamos tierra estable por medio de una denominación, es decir, nos vemos en el presente como un presente histórico, caracterizado por algo específico, es lo que creo, en la manera más vaga de describirlo pero, me pregunto, ¿el pasado se vio como pasado histórico? ¿el pasado se pensó como aquello que un futuro lo iba a ver así? ¿Alguna vez pensamos que llegaremos a ser pasado? Me refiero al hecho de que pasaremos de esta época y si llega, existirá un futuro en que nos veamos pasado, quizá, anticuados. No lo sé y en el mejor de los casos estaré al margen de dar una respuesta.

Fotografía por Eduardo Pedro Oliveira

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Sección: Inside
Oscar D. Sandoval Flores

Nunca aprendí a bordar, jamás me alcanzó el talento para tocar el piano, no imaginé siquiera la manera de liarme con la ingeniería, no sabría administrar una empresa, ni obedecer a mi partido o a mi jefe, no se me ocurre cómo salvar la ecología y sé de medicina lo que mi ansia de médico me ha enseñado a leer el vendemécum. No he podido jamás memorizar dos renglones de una ley, no sabría llevar las cuentas de una tienda, ni soy capaz de vender un paraguas en mitad de un aguacero. No me quejo de todas mis carencias, escribir es un oficio que enmienda casi cualquier mal. [Me siento sumamente identificado con este pequeño párrafo del ensayo "Sabor a novela" de Ángeles Mastretta]

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