¿En qué piezas o proyectos has estado trabajando últimamente?
Diría que mi trabajo reciente es un diálogo entre la fotografía y la práctica escultórica. Esta serie no está muy lejos de esos intereses pero a diferencia de otras series mías, está alimentada también por una dimensión pictórica.

¿Qué aprendiste (o desaprendiste) mientras trabajabas en ello?
En esta serie me deshice de muchos prejuicios sobre lo que un trabajo debe o no debe de ser. Generalmente son muy pocas las decisiones que tomo entre la concepción de una pieza y su ejecución final. Mucho de mi trabajo tiene formulaciones estrictas y eficientes pero en este caso hubo cierta ligereza y una aproximación más relajada que obedecía a un diálogo intuitivo con las características materiales de los objetos en cuanto a forma, color, peso, o densidad y también cierta conciencia de cómo eso podría traducirse en términos de imagen. Había, sí, una preocupación escultórica pero también una clara conciencia de que al final terminarían siendo fotografías. Disfruté mucho el proceso en términos de interacción con los materiales y también el diálogo abierto con lo que aquellos materiales me decían.

¿Qué palabras, ideas o emociones te rondaban la cabeza?
Había varias ideas que eran como las coordenadas para este trabajo. Por un lado estaba el evento escultórico representado, por el otro ciertos códigos de representación visual que pertenecen a la fotografía comercial y por último una aproximación que me atrevería a considerar pictórica. Siempre he pensado que esta serie se encuentra en un lugar ambiguo entre la tarea artística y la ejecución de catálogo. Me interesa que sean imágenes auto-conscientes de su propia producción. Las sombras, por ejemplo, delatan la iluminación de estudio y un tipo de producción de Still Life que proliferó en los años setentas. La serie juega con nociones ya establecidas de representación fotográfica haciendo caso omiso al contexto al que se supone que deberían pertenecer. Las fotografías están hechas en negativo análogo en cámara de 4×5 pulgadas que es un formato grande. Aquí hay un uso conflictivo de lenguajes visuales –arte, editorial, comercial– que a mi juicio producen variaciones en nuestra atención. Mi interés era hacer una serie de imágenes desprovistas de anécdota o narrativa y sin una intención significativa más allá que la de crear un lugar de observación intensificada.

¿Hubo alguna conversación, película, música o libro que se haya colado en ese trabajo?
Sí. Mencionaba la dimensión pictórica en estas imágenes: la verdad es que están influenciadas por la pintura de Giorgio Morandi.

¿Cuál es tu cafetería favorita y por qué te gusta ir ahí?
Me gusta preparar mi café en casa pero lo compro en una cafetería que está a un lado del metro Eugenia en la Ciudad de México. Es fácil pasarla de largo y no pretende mayor sofisticación que la de tostar excelente café. Se llama Maneken.

Si este mes tu vida fuera una película, ¿qué título tendría y quién haría el soundtrack?
El soundtrack no habría que hacerlo porque ya existe y no lo usaría para musicalizar este mes sino toda mi vida: “Cape Canaveral” de Conor Oberst. El título de la película sería “Viaje a la luna”.

¿Con qué estudios, laboratorios o talleres has colaborado recientemente o te gustaría hacerlo en un futuro?
Recientemente hice un proyecto de sitio específico en Austin Texas con Colab- Projects y es pertinente la pregunta porque parte de lo que aprendí con este proyecto del que hemos venido hablando, lo puse en práctica al colaborar con ellos. La pieza que hice fue una escultura kinética hecha con objetos caseros y me sirvió mucho entenderla como si se tratara de un dibujo.

Recomiéndanos uno o más artistas que sigas, que te inspiren, y dinos qué es lo que más te gusta de su trabajo o de su forma de trabajar.
Recomiendo que vean el trabajo de Sandra Blow. Siempre me resulta fascinante la producción de artistas jóvenes, sobre todo aquellos que su proceso de creación es completamente distinto al mío. Su trabajo es poderoso y tiene una energía cruda que no se puede replicar.