RASTROS SOMNOLIENTOS (VER. 2.0)

Mi mente, ¡oh! mi pobre mente, aterrada por el ocio y la abismal melancolía. Éstos, horribles vicios con los que he alimentado mi alma estos años, han provocado en mí, extraños efectos de psicosis y delirio. Te imagino, recostada, sufriendo a mi lado los brutales lapsos de locura y desgarramiento. Pero estás fría. ¿Por qué uno pierde tan rápido la cordura y la concentración? 

     A veces, cuando recobro la conciencia, reflexiono sobre el mal que te he hecho, y poniendo mis dedos entre tu cabello, los deslizo hasta tu puente de venus. 

     Me desespera que después de eso sigas fría (y tan rígida). ¿Por qué has de ignorarme? ¿Acaso no es suficiente el amor que te he demostrado?  No obstante, sigues muda, y a cada segundo te vuelves más pálida entre mis brazos. Anhelo tenerte y haré lo que sea posible para que estés a mi lado. 

    Mientras me cepillaba los dientes, observaba en forma de trance el espejo, tratando de descifrar a la criatura que tenía enfrente. Sabía que era yo, pero no podía sentirme identificado con ese reflejo demoníaco, así que se me hizo fácil comenzar una breve y perturbadora charla con mi reflejo:

-¿Quién eres? -pregunté-.

Pero el rostro reflejado, burlonamente, había dejado de imitarme. Sólo estaba parado de forma simétrica, con unas ojeras psicóticas y un vacío inexplicable en sus ojos.

-¿Te he preguntado quién eres? – volví a dirigirme a ese ente-.

-Si has de reconocerme como el engendro degenerado que soy, has de cortarte la garganta -me contestó-.

     No me puedo reconocer. Pero en ese punto sin retorno me di cuenta que todavía no era el momento, pero el momento era pronto; así como somos parte del todo y el todo no puede ser parte de nosotros. Puedo decir -por mi extensa lista de mujeres conquistadas y amadas- que eras, entre todas, la más hermosa, pero la más fría y la más anorgásmica. ¿Acaso no te gusta como beso tu cuerpo? ¿No te ha gustado que recorra lentamente con mi lengua tu suave aureola?

     Al regresar de un largo paseo por el estacionamiento me encontré con una hermosa pintura color vino que, al paso de los minutos, se iba tornando más y más oscura; impregnando con olor a hierro y a flores de muerte el pasillo. La pintura me fue mostrado el camino a mi habitación. Encendí la luz quedando estupefacto por la horripilante y conmovedora obra ante mis ojos. Me puse a llorar, sollocé como un niño. De forma perturbadora aparece en mi mente el pensamiento de que, tal vez, un hijo nuestro pudo haber  lloriqueado de la misma manera. 

     Estabas ahí, tendida en mi cama, con tus preciosos ojos esmeraldados, ya opacos, fuera de sus órbitas. Amapolas color púrpura, coágulos brotado de forma fúngica por toda tu piel. Tú, completamente desnuda en cuerpo y alma; toda pálida y helada adornando mi cabecera; profanando con tu fluido vital mi hermoso santuario del sueño; pero tu orgullo, producto de ser una malcriada, hacía que siguieras ignorando mi amor. Quisiera decir que me siento feliz por haberte regalado una vida mejor, pero me siento infeliz por haberte arrebatado ésta. Recuerda que la muerte es maravillosamente romántica, un preciado regalo que te he querido hacer y espero comprendas el porqué. 

     Al darme cuenta del terrorífico y precioso acto cometido, me miré al espejo, esperando recobrar la conciencia… En un arrebato, tomé el afilado cuchillo y me desgarré de un solo tajo la garganta. Al no saber sobre anatomía, la herida fue fatal, pero no tanto como para causar una muerte rápida.  Ahogándome en sangre, llegué arrastrándome hasta tu cadáver.  Depositando un último beso agonizante en tu frente, desangré toda mi miserable existencia sobre ti.

Fotografía por Thomas Listl

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