Ni tan mal

¿Hubo alguna obsesión, idea fija o imagen que guió el proceso creativo del disco, aunque no sea evidente para el oyente?
El hilo conductor del disco es la búsqueda de luz dentro de la oscuridad. Siempre partimos de lo crudo, de aquello que nos duele o incomoda a nivel vital. Eso atraviesa los conceptos, las letras, los sonidos, las imágenes. Lo bonito —y quizás resiliente— es que procuramos dejar siempre una ventana abierta hacia la posibilidad de reenamorarnos de la vida.

¿Cómo fue el proceso de decidir qué canciones sí y cuáles no formarían parte del disco?
Tengo una carpeta con miles de ideas, desde canciones completas hasta melodías sueltas o frases aisladas. Le pasé todo ese material a Pol, y él hizo una primera selección de los temas que sentía con más potencial y coherencia con lo que queríamos expresar. A partir de ahí, nos encerramos todo el verano de 2024 a grabar maquetas, y en septiembre entramos al estudio a darle forma definitiva.

¿Qué cambió en la manera de escribir, grabar o producir en este disco con respecto a grabaciones anteriores?
En Ni tan mal llegamos al estudio con las ideas mucho más claras que en trabajos anteriores: habíamos trabajado a fondo las maquetas y sabíamos qué estilos queríamos explorar y cómo queríamos que sonara cada tema. Aun así, sentimos que todavía tenemos mucho que aprender y pulir en cuanto a la dinámica de grabación, la gestión del tiempo y cómo sentirnos realmente cómodos en el proceso de producir un álbum completo.

¿Hubo alguna canción que costó especialmente terminar o soltar? ¿Por qué?Terratrèmols fue la más difícil de cerrar. Queríamos que sonara caótica, porque nace de un momento vital de catarsis, y eso se refleja también en la producción. Nos costó mucho equilibrar ese desorden emocional con una estructura sonora que funcionara.

¿Qué rol jugaron la intuición y el error durante el proceso?
La intuición fue clave. Ni Pol ni yo tenemos formación académica en música, pero somos grandes oyentes, curiosos y muy experimentales. Nos dejamos guiar mucho por lo que sentimos al tocar o escuchar. Por eso el disco es tan ecléctico: nos inspiramos en géneros y detalles muy diversos, y los mezclamos a nuestra manera. El error también tuvo su espacio: por ejemplo, en Pinpilinpauxa las segundas voces se desfasaron ligeramente por accidente, y nos encantó cómo sonaban, así que decidimos dejarlas así.

¿El orden de las canciones fue pensado como una narrativa? ¿Cómo se decidió el orden?
Para decidir el orden hicimos papelitos con los títulos de las 10 canciones, sus temáticas, bpm, tonalidades, instrumentos y tipo de producción. Probamos muchísimas combinaciones hasta encontrar un recorrido que tuviera sentido: un viaje que parte de lo más introspectivo y doloroso, y va hacia lo luminoso, terminando con Kumbé, una cumbia para celebrar el cuerpo y la vida.

Fotografía por Jordi Toirán