¿Cómo nació este local y qué lo hizo diferente desde el principio?
Nace desde las críticas sobre el café. Siempre se quiso un lugar donde se pudiera aprender y experimentar sin miedo a las críticas. Queremos crear algo auténtico sin seguir fórmulas. Desde el inicio buscamos que el café fuera accesible y honesto, sin pretensión.
Malora es una palabra coloquial que significa persona que hace maldades. El “no coffee” tampoco es literal. No negamos el café, pero sí cuestionamos todo lo que lo vuelve inaccesible o pretencioso. Es una forma de abrirlo y de hacerlo más libre.
Lo que hizo diferente a Malora desde el inicio fue que no quiso seguir las reglas del café de especialidad. Preferimos construir algo más cercano, más honesto; un espacio donde se sienta la amistad que puedes llegar a conseguir en el mundo del café. Un espacio donde el café es importante, pero no más que la experiencia y las personas que están ahí.

¿Qué parte del día, del espacio o del proceso creativo disfrutan más quienes trabajan aquí?
Diría que todo el día, pero las mañanas suelen ser curiosas. Hay una energía tranquila donde todo empieza a tomar ritmo. No es un momento del día, es un estado: cuando todo fluye sin estar perfectamente calculado.
También disfrutamos el proceso creativo detrás de cada bebida, cuando probamos, ajustamos y encontramos algo que realmente nos representa.
También se disfruta cuando el espacio se pausa para capturarse, cuando vienen a hacer fotos para Instagram con nuestro creativo y querido Roberto (Beto), donde Malora se ve desde fuera y toma otra narrativa.

Si alguien entra por primera vez, ¿qué es lo que no debería perderse?
Queremos que se sienta parte de nuestra casa. Es una invitación a que conozcas un poco de nosotros y puedas quedarte un rato en los sillones, que son acogedores.
Más que una bebida en específico, la experiencia, la atención y el ritmo del lugar. Todo está pensado para que te quedes.
Pero yo diría que un Malora: una bebida a base de jamaica con cold brew. Y ya.

¿Cuál ha sido un desafío interesante que los haya hecho replantearse algo sobre el proyecto?
Todo es un desafío. Recientemente abrimos, así que los desafíos siempre están presentes.
Aprender a sostener la idea frente a las críticas y el qué dirán. La zona en la que estamos ubicados también ha sido un reto. No es la más fácil y nos ha hecho cuestionar muchas decisiones, además de aprender a confiar en nuestra propuesta.
Al inicio queríamos gustarle a todos, pero entendimos que construir identidad también implica tomar postura.
Entendimos algo: no se trata de encajar, sino de construir algo que poco a poco encuentre a su gente.

¿Qué influencia, idea o referencia sigue guiando lo que hacen hoy?
Más que una referencia externa, nos guía la decisión de haber empezado sin tenerlo todo resuelto. Apostar nuestros ahorros, nuestras dudas y, aun así, abrir.
Nos mueve la idea de que no tienes que esperar a estar listo para crear algo que valga la pena. Que lo imperfecto también construye identidad.
Malora se guía por eso: hacer las cosas con intención, aunque no sean perfectas, y confiar en que la gente va a conectar con algo que es real.

¿Qué lugar, proyecto o persona los ha inspirado últimamente y por qué?
Sonará algo cliché, pero más que un lugar o una persona específica, nos inspira la gente que se está atreviendo a empezar con lo que tiene. Proyectos pequeños, medio improvisados, pero con mucha intención y pasión.
Nos inspira ver que no necesitas tener todo perfecto para crear algo que conecte. Que hay valor en hacerlo real, aunque esté en proceso.
También nos inspira la gente que llega a Malora, porque al final ellos terminan dándole sentido al espacio. Ver cómo lo habitan, cómo lo hacen suyo, eso nos recuerda por qué empezamos.

Si su espacio pudiera invitar a alguien a colaborar por un día, ¿quién sería y qué harían juntos?
Invitaríamos a alguien que entienda el café como un pretexto, no como el centro.
Nos interesaría construir algo desde cero ese día: una bebida o alguna dinámica donde la gente participe. Algo que no se repita y que solo exista en ese momento.
Aunque también sería increíble cruzarlo con alguien como Chloé Zhao, por la forma en que construye atmósferas, o hasta con Olivia Rodrigo, por la manera en que convierte emociones en algo tan directo y real.

Si este proyecto fuera una ciudad, un libro o un disco, ¿cuál sería y por qué?
Obviamente sería algún pueblo de México, de esos que no salen en las postales, pero donde todo está pasando. Ruido, mezcla, contradicción, gente distinta compartiendo el mismo espacio.
México tiene esa capacidad de ser caótico pero cálido, intenso pero cercano. Malora es un poco de eso: mezcla de influencias, de errores, de intentos, pero con una identidad.
Más que perfecto, es real. Y eso también es muy México.
Respuestas por Kevin Eduardo del Pilar, creador de Malora.

