¿Cómo nació este local y qué lo hizo diferente desde el principio? 
La Helena comenzó en un espacio de tres por dos metros. Solo cabíamos dos personas más y yo enfrente. A pesar de tener limitantes en el espacio, era un lugar que se sentía acogedor para quien se atrevía a probar los cafecitos diferentes.

En los alrededores no había proyectos con cafés de otras partes de México y eso parecía un gran reto. No sabía si la colonia lo iba a tomar de buena manera pero el objetivo era claro: crear un proyecto descentralizado y generar una comunidad. Puedo decir de manera muy grata que nos han recibido con los brazos abiertos y eso es algo positivo.

¿Qué parte del día, del espacio o del proceso creativo disfrutan más quienes trabajan aquí?
Lo que más se disfruta en este proceso es la interacción con las personas. Ya sea que alguien venga con una buena noticia o, por el contrario, con alguna mala situación, nosotrxs tratamos de hacerles pasar un ratito ameno. El poder conectar con quienes vienen a tomar café o a comer pancito es algo muy valioso. 

Si alguien entra por primera vez, ¿qué es lo que no debería perderse? 
Sin duda, la primera recomendación para alguien nuevo es un honey latte, un panqué de plátano o una focaccia de pollo. Esas tres opciones nos han acompañado desde el inicio. Y casi lo olvido, nuestra galleta tipo NY es el secreto mejor resguardado.

¿Cuál ha sido un desafío interesante que los haya hecho replantearse algo sobre el proyecto?
El mayor reto fue antes de abrir. En la zona no había barras de café diferenciado y eso nos generaba muchas dudas sobre por qué no había o por qué nadie lo había intentado. No se sabía si a nuestra comunidad le interesaba o no. A la fecha, si alguien entra y pide un café, siempre esperamos su reacción. Nuestra chamba es preparar el cafecito que le ayude a la gente a empezar su día de buenas.

¿Qué influencia, idea o referencia sigue guiando lo que hacen hoy? 
Lo que sigue moviendo a La Helena es nuestra comunidad. Son todas aquellas personas que llegaron como clientes y ahora nos han hecho parte de sus vidas. Básicamente, empezamos una nueva familia. Con el paso del tiempo hemos visto crecer a la gente: parejas nuevas, desamores, familias con más integrantes, cumpleaños, etc. Definitivamente, es lo que mueve este proyecto. A todos nos mueve el chisme, pero echar buen chisme con café y una nueva familia está más chingón.

¿Qué lugar, proyecto o persona los ha inspirado últimamente y por qué? 
La increíble vida de Walter Mitty es el proyecto del que nace la inspiración. En esa película se enseña a disfrutar el “aquí y ahora”. Siempre es bueno pensar en el futuro, pero nunca hay que olvidar disfrutar del camino, porque ahí es donde se viven los mejores momentos.

Si su espacio pudiera invitar a alguien a colaborar por un día, ¿quién sería y qué harían juntos? 
Si tuviera la oportunidad de invitar y colaborar con alguien sin duda sería mi abuela Neftalí. ¿Qué plato haría? Unas albóndigas con chipotle. ¡Fácil! En ese momento no pensaría en café, solo disfrutaría estar con ella un ratito más.

¿Hay algún objeto, rincón o detalle del lugar que tenga una historia que pocos conocen?
Nuestra primera colaboración con una artista fue con la hija de una amiga. A ella le gustaba hacer figuras con plastilina y en una ocasión nos vendió su obra más valiosa: una pequeña Pokébola de unos tres centímetros de alto, dentro habita un mini Pikachu. Podría decirse que ese es un easter egg de La Helena. Como detalle extra, no hay día en el que no suene “Careless Whisper” de George Michael. Normalmente se escucha cuando calibro.

Si este proyecto fuera una ciudad, un libro o un disco, ¿cuál sería y por qué? 
Sin duda, La Helena sería el Sound & Color Deluxe Edition de Alabama Shakes. Ahí se pueden resumir estos casi tres años. Me gusta ver al proyecto como una serie de Netflix a la que le siguen dando más temporadas. Hemos vivido romances, desamores, amistades, momentos felices y también momentos difíciles. Es una carta de amor y café con los sentimientos a flor de piel. Quisiera agradecer a todxs nuestras amistades, a Gerardo Tejeda por las fotos y a Aragon Valley por seguir tomando cafecito. Les tecueme.

Respuestas por Carlos Alejandro Totozintle Pérez, CEO de La Helena