Hoy me acordé de ti. Me puse a pensar en lo que en realidad recordaba de ti. De todos esos detalles que antes me encantaban y ahora estaban borrosos. Recordé que un día fuiste mi lugar seguro, ese lugar del que salí corriendo, cerrando la puerta con mil candados para no regresar.
Me acordé del último día que nos vimos, de la despedida. Recuerdo lo que nos dijimos, todas las promesas que se rompieron ese día y los silencios largos que se volvieron incómodos. Se me olvidó que perdimos esa esencia que nos conectaba. Tal vez fue el tiempo, la costumbre, o que simplemente se nos había acabado el amor. Lo que un día me hizo quererte tanto ya no tenía la fuerza para mantenernos juntos.
No me acuerdo de cuánto tiempo doliste: si fueron dos días, un mes, un año. Tampoco recuerdo si había sentido miedo sin ti, de volver a estar sola, aunque sí me acuerdo de que sola ya estaba contigo. Quizá no lo notaste o sí lo hiciste, no te importó. Es más, ya ni me acuerdo si te extrañé.
No recuerdo la última noche que dormimos juntos, ¿o sí? Solo sé que un día desperté y ya no te reconocí. Pensaba que ese ya no era mi lugar; tenía esa sensación de que algo no estaba funcionando. ¿Qué motivos tenía para seguir en esa cama, en ese corazón (si es que todavía me sentías)? Fui la única testigo de cómo el amor se escapó de tu cuerpo, de tu mirada y de tus besos.
Es raro intentar recordarte, porque antes no podía dejar de pensarte en ningún momento. Yo no sabía nada de amor, pero sabía mucho de ti; tenía todos tus detalles presentes, podía hacer un mapa de tus pecas, de tus cicatrices y de todos los lugares que un día besé con tanto amor. Es raro porque ahora ya no me acuerdo de casi nada y así estoy bien.
Mi memoria selectiva decidió que nos acordaríamos solo de lo malo: de tu mala cara cuando salíamos, de tu indiferencia hacia mis problemas, de tu narcisismo. Y es que si tú estabas bien, todo tenía que estar bien, hasta yo, sin importar que en verdad no lo estuviera. Dicen las malas lenguas que el rencor posee nitidez, y me da gusto saber que ya ni eso siento por ti.
Todos llevamos dentro lo bueno y lo malo. Tú decidiste darme solo lo malo, cuando yo te di solo lo bueno. Contigo el amor me supo a nada. Porque hoy te puedo decir que no era amor, por eso ya ni me acuerdo de ti.
Aunque recordar lo que hemos olvidado no significa olvidar.
Fotografía por Gael Guadarrama.

Cambia tus pensamientos para cambiar tus emociones, cambia tus emociones para cambiar tu vida. Soy tu dealer de lentes.
