Para Perla
Urdir con cenizas
el beso
volverlo flecha
espada
el león verde de la alquimia
Sellarlo en tus piernas
extendido/dilatado
Escurrirlo en tus manos
para que bebas
el vapor de mis batallas
Mirarte fijo el umbral
de tu ombligo
Dejar mi arena en esa cueva
conquistada antes
por la sangre
por el llanto
de ser a veces
el ave sola que vuela lejos
espinada
a contra viento
sin apenas parar
Darte el abrazo que cimbre tus puentes
Y ya de tarde
antes de que te absorba el ocaso:
sobar tus pies
lavarlos
retirar la piel que te sobre en la espalda
Quemar juntos la crisálida vacía
Adorar con miradas tus hombros
lamerlos
Decirnos Noche, Sueño, Alma, Dios
Y al dormir
siempre de manos juntas
acabar mirando un río mortal
obscuro
del que resurja otra vez y otra:
La Salvación
Eduardo Rocha (Durango, 1994). Laborante de oficina y lector crítico. Escribe porque evadir la palabra es su forma de intervenir en el mundo.
