¿Cuánto falta para llegar?

Continúas diciéndome que no importa cuánta mugre escueza sobre mis mejillas, se irá en el primer chapuzón al río. “¿Y los raspones también?”

–También. Y la sangre y los bichos y esas lágrimas que te ponen tan fea.

Mi huarache resbala en la piedra de patinaje. El ardor se congela en la vértebra. Me pides la mano y haces tus muecas de bulldog juguetón, solo que la baba sale de mis ojos. Te ríes. ¿Cómo puede una risa del infierno ser tan divina? Me río.

–No estamos perdidas. Ya casi llegamos.

Estás perdida, pero el cielo aún te cuida. ¿Qué haremos si desaparece? 

El sol no cauteriza nada, solo engrosa el cansancio y el dolor.

Tu novenario no cauteriza nada, solo engrosa el cansancio y el dolor.

Y llegaremos. Y tu ego se refrescará junto a mis lagañas en el agua. 

María Guadalupe del Monte, el cielo te perdió.

“¿Cuánto falta para llegar al mar?”

–¡Río! ¡Mira!, este es nuestro tilo. En un ratito estaremos en la orilla.

¿Cuánto te falta para llegar a Mar, Cielo?

Fotografía por Abel Ibáñez G.