El sillón también es un punto de vista

Estoy inactiva.
No es una postura filosófica,
es el sillón
que me adoptó.

Desde aquí veo pasar la vida
como se ven los programas de remodelación:
con interés moderado
y cero intención de participar.

El dinosaurio decidió ordenar la casa.
Ordenar, en su idioma,
significa mover todo de lugar
para comprobar que el caos sigue funcionando.
Vaciar cajones,
reacomodar,
y deja pruebas
de que estuvo aquí
como un performance sin público.

Yo nací en domingo.
No lo digo como dato astrológico,
sino como excusa.
Los domingos tienen permiso
para no hacer nada
sin culpa estructural.

Mi perra se llama Dominga.
No porque yo supiera algo del destino,
ni porque planeara una narrativa redonda.
La conocí después.
Fue una coincidencia,
como casi todo lo importante.

Estar inactiva es descubrir
que el mundo no se cae
si no lo sostengo.
Que la casa sobrevive al dinosaurio.
Que el sillón también es un punto de vista.
Que no producir
no es desaparecer.

Desde aquí,
con una pierna doblada y la otra negociando,
pienso que tal vez la actividad
está sobrevalorada
y que observar
también cuenta como estar viva.

El sillón no me exige nada.
Yo tampoco.
Y por hoy,
eso es suficiente.

Fotografía por Cristóbal Coello Robles // Rev/Scan en Fotograma Film Lab