En tu más reciente canción El Internet hay una línea en la que dices “cada tanto en la vida hay un estallo”, ¿a qué tipo de estallo te refieres?
Me refiero a momentos específicos en la vida donde hay un estallo o un estallido que puede ser, por ejemplo, el estallido social en Chile. O cuando fundamos Cómeme, o cuando empezó todo lo de la música electrónica. O cuando se siente que uno está llegando a algo que rompe con estructuras antiguas y hay un detonador que lleva hacia algo nuevo. En mi proceso de hacer música siempre está, de alguna manera, buscar los momentos en los cuáles esto puede suceder. Siento que es ahí donde está la razón por la cual hacemos las cosas.
La industria musical ahora está en un momento rarísimo: uno puede percibir que ya no está funcionando, para nada. Una empresa compra a otra empresa. Estamos debajo de unos monopolios donde se perdió bastante independencia en la industria musical más profesional. Estamos medio simulando cosas del pasado que ya no funcionan. Porque no conocemos otra cosa seguimos con la promo, el anuncio, el pre-order… pero siento que no estamos a la altura del presente. Esto no solo pasa en la música, es un síntoma de estos tiempos que estamos viviendo.
Para mí es muy importante siempre provocar una nueva situación que no apunte hacia establecerse y quedarse descansando sobre un sistema. Parte de la contracultura para mí es eso: provocar nuevas situaciones que rompen con un sistema que no está funcionando.

Dices que actualmente el sistema de la música no está funcionando. En el sentido de un estallido, de inventar algo nuevo, ¿a dónde te imaginas que va la industria?
Es muy difícil responder eso. Es la pregunta, y obviamente no tengo la respuesta, pero yo creo que el hartazgo, por un lado, es un muy grande. Estamos hablando de la música independiente real, en donde sí se logró, en un momento, existir afuera del mainstream de una manera sustentable y rica. No sé si se pueda volver a eso, creo que a lo mismo de antes no, estamos viviendo en otros tiempos. Pero yo creo que hay que buscar por dónde ir.
En mi día a día, como trabajador de la música, es un movimiento estratégico en el cual yo hago mis giras y toco en clubes, a veces más grandes, más comerciales, pero también me meto a trabajar con colectivos, en lugares más periféricos. Todo el trabajo que he estado haciendo acá en París, lo que he estado haciendo en los últimos años, viviendo acá y trabajar en una cárcel para una obra de teatro: es un gran proyecto en donde varias entidades de la sociedad de repente se juntan. Es también mirar hacia dónde no mira la gente. Todos miramos hacia un mismo lugar en específico, pero ¿qué pasa si miro hacia allá? De repente hay un vacío, no hay cosas, y uno puede inventar. Hay un terreno baldío que uno puede rellenar.

La banda Fugazi, banda hardcore de los Estados Unidos, en los noventas empezaron a tocar solo en centros culturales porque eso permitía que un público joven pudiera ir a verlos. Lo otro era muy caro y además en Estados Unidos solo podía ir a la sala de conciertos la gente que tenía más de veintiún años. Fugazi desarrollaron un modelo interesante: ellos fueron a lugares donde nadie tocaba y habitaron esos espacios y los llenaron.
Con Cómeme fue un poco parecido: nos fuimos a las calles, hicimos fiestas muy distintas a lo que uno conocía en ese momento. No tratamos de hacer un cambio adentro del sistema que habitábamos– aunque sucedió eso también– Intentamos más bien habitar otros lugares.
Yo no soy miembro ni fundador de la Nueva Red de Bailadores, pero estoy muy aliado a ellos y trato de ayudar donde puedo. Ese proyecto en México me parece muy bonito porque lleva la música y el baile a espacios públicos con una lógica muy distinta a la que conocemos de la rutina más comercializada de la música electrónica.
¿Pero por dónde vamos ahora? No está tan claro, pero yo creo que hay que refundar la contracultura. Hay que encontrarle un espacio actual.

Hablando del baile, y regresando a El Internet, el video empieza con un casting y termina con ustedes tres bailando. ¿Cómo fue el proceso creativo de esa idea? ¿Cómo surgió? ¿Qué querías provocar?
Fue un diálogo con Lorea Arcelus, la directora del video. Ella tenía la idea de hacer un casting, esa cosa medio explicativa de profe, agarrando un poco los temas de los que habla la canción. Como en todo proyecto artístico, uno no puede explicar todos los detalles porque mucho es improvisación, magia y cosas que también crean sensaciones que tienen más que ver con una lógica más abstracta. Como la lógica de los sueños: no es tan literal todo.
Pero ahí hay varios elementos de cómo se suelta el baile de repente y está esa cosa más performativa al comienzo, y esa situación un poco ridícula del casting, que obviamente no tiene mucho que ver con lo que nosotros tratamos de hacer. Se trataba de ilustrar mucho las diferentes referencias de la letra de la canción y la actualidad. La historia de la canción cuenta desde las ondas ultra cortas de la radio, que para mí es ese mundo de niño cuando iba descubriendo estaciones de radio en otras ciudades del mundo a las que solo se podía llegar con ese tipo de ondas, que hacían ruidos, que se asomaba una cosa del Medio Oriente, y después Radio Moscú. Eso era también un estallo, una explosión de información y de algo misterioso.

Luego está el internet como lo conocíamos más al comienzo: tenía esa promesa, todavía no tenía algoritmos, era más libre, y ahí empezamos a descubrir que en Sudáfrica están bailando estos ritmos electrónicos, y en Angola estos otros, y otras cosas que descubrimos en Latinoamérica. Eso fue un momento muy bonito con un impacto muy fuerte que sigue hasta hoy.
Pero ahora estamos habitando un espacio mucho más controlado por poderes corporativos oligárquicos y también por algoritmos. Es mucho más difícil posicionarse afuera del mainstream porque estamos con una cosa mucho más hegemónica a nivel discurso. Estamos viendo todos las mismas cosas. Siento que antes había más la libertad de no enterarse de lo que a uno no le interesa y poder focalizarse en otras cosas sin estar tan invadido por lo mismo. Hay una individualización en la música que siento que lleva a que todo suena más parecido porque nuestras referencias son las mismas.
Participó también en el video Natalia Herrera y ella hizo un segmento en donde hace una conexión entre Radio Moscú, el arroz con huevo, el MSN Messenger. Hay como una nostalgia del internet antiguo, pero también esa idea del brain rot medio psicodélico, y es ahí donde entra el trabajo de Natalia. El video tiene muchas referencias y cosas pequeñas.

Dices que hay que hacer “música cruda y directa”. ¿Cómo se hace una música así?
Cuando digo “música cruda, primitiva y directa” es en realidad una atracción de qué es lo que nos empezó a gustar en esos momentos. La música electrónica estaba en un momento muy introspectivo de sonidos y capaz. Nosotros nos dimos cuenta de que cuando tocábamos música en la calle, lo que funcionaba eran cosas con elementos más crudos, más directos, sin tanta introspección, sin tanto adorno. Una cosa más minimalista, pero no en el sentido serio, sino muy reducido, más punk en el fondo.
Eso es algo que siempre me ha gustado: la música que suena muy fácil de hacer pero que no lo es. Cuando yo hago música para bailar, para mí es muy importante esa crudeza y simpleza para dejar espacio. La música no es todo. La música se compone de lo que está en la música pero muchas cosas son los elementos que no están en la música, y que uno cree escuchar en la música. Espacios que uno puede rellenar con pasos de baile, con la imaginación.
Desde la cumbia, hasta el house, siempre está esa cosa repetitiva que no apunta a muchísimos cambios rítmicos, ni melódicos, sino que crea una atmósfera –como en el soul– que uno mantiene y sobre esa me voy moviendo, y entro en diálogo. Y estos diálogo entre elementos musicales y el cuerpo tienen que ser un poco simples para dejar espacio para el baile. Cuando yo estoy haciendo una canción para bailar, siento que distintos elementos le hablan a distintas partes del cuerpo: los hi-hats y los shakers son una cosa más de los hombros; los graves los siento más en los pies; los toms se van por el pecho.
También me gusta evitar el uso del reverb, siento que esconden demasiado. Yo quiero el sonido directo. Como cuando uno está comiendo y las cosas saben a algo y uno puede distinguir sabores: esa simpleza me gusta. Es más democrática en la comunicación con la gente que baila. Hay a veces la idea de que la seriedad automáticamente es algo más profundo. Yo no creo en eso. Yo creo que el humor, y una vulnerabilidad emocional más expuesta, pueden ser mucho más profundo que una cosa súper seria que en realidad es una cosa de protección, de ir a la segura: si hago algo así muy dark y muy sin el riesgo emocional de ridiculez, no estoy haciendo nada mal, nadie me va a poder criticar. Esto crea mucha música desde el miedo. Al final esto afecta al proceso creativo porque no puedes inventar cosas nuevas en un espacio de tantas reglas.

Left-field dance music producer, vocalist and DJ who injected doses of playfulness and seduction into the techno scene.
