¿Cómo nació este local y qué lo hizo diferente desde el principio?
La casona en la que estamos embonó perfecto con algo moderno y timeless: el café. El nombre Despabilatte, la palabra en sí, rondaba desde hace tiempo como algo simple, directo al grano y para aterrizarse. Eso es este espacio: un spot escondido para tomarse un espresso y aterrizarse. El menú es pequeño y muy básico: pan y café. Hemos procurado mantener un ambiente fresco, música alternativa y cafecito pa’ todos. No sé qué tan diferente la gente lo sienta; para mí es muy fresco, con aire minimalista y effortless.

¿Qué parte del día, del espacio o del proceso creativo disfrutan más quienes trabajan aquí?
Lo fotogénica que es. La piedra, la casa, el café, la taza de café recién disfrutado, las flores. Volteas y hay algo a lo que le quieres tomar foto o simplemente contemplar. Son pequeños momentos de presencia. La música depende del mood del día y también disfrutamos pensar en nuevas bebidas que los clientes quisieran probar.

Si alguien entra por primera vez, ¿qué es lo que no debería perderse?
La simplicidad del diseño y cómo se rescató la casona de más de 100 años. Echarse un espresso o un flat siempre será mi go to.

¿Cuál ha sido un desafío interesante que los haya hecho replantearse algo sobre el proyecto?
La búsqueda de otras bebidas, no solo café. Por el área y por redes nos han llegado muchos jóvenes con otros gustos. Abrirnos a una variedad más amplia de bebidas sin café fue una decisión lenta, porque originalmente se pensó como una barra de espresso.

¿Qué influencia, idea o referencia sigue guiando lo que hacen hoy?
Nos sigue guiando la idea de pausa, de volver al presente. El café como ritual sencillo y cotidiano. También nos inspira el movimiento de café de especialidad impulsado por referentes que elevan la cultura del café sin volverla inaccesible. Buscamos ese equilibrio: calidad alta, ambiente relajado.

¿Qué lugar, proyecto o persona los ha inspirado últimamente y por qué?
Nos inspiran muchos proyectos: espacios que no fuerzan el concepto, sino que lo dejan respirar. Más que un lugar específico, nos inspira esa sensibilidad de respetar lo que ya existe y sumar desde lo sutil. También nos inspira mucho Standart. Ver proyectos de todo el mundo y cómo, así como nosotros, cuentan su historia a través de sus fotos, sus bebidas y su estilo. Nos gusta esa idea de que cada barra, cada taza y cada espacio tiene una narrativa propia.

Si su espacio pudiera invitar a alguien a colaborar por un día, ¿quién sería y qué harían juntos?
No tenemos a alguien en mente específicamente, pero podría ser algo relacionado con música, arte, algo sencillo pero memorable. Que la gente sienta que estuvo en un momento irrepetible.

¿Hay algún objeto, rincón o detalle del lugar que tenga una historia que pocos conocen?
La pileta en medio del patio: cuatro lozas de piedra. Está protegida por el INAH; fue una de las fuentes de agua para la casona durante generaciones y hoy la gente le avienta monedas como si fuera de los deseos. Hemos tenido varios visitantes que, al entrar, la buscan para contarnos que ahí vivieron de chiquitos y explicarnos cómo estaba ordenada la casa. Es muy emotivo verlos volver a ser esos niños cuando pasean por el patio.

Si este proyecto fuera una ciudad, un libro o un disco, ¿cuál sería y por qué?
El disco sería 8 Años de Hermanos Gutiérrez. Disfrutamos ese tipo de música sin letra que te deja simplemente disfrutar y que te acompaña en lo que sea que estés platicando, sintiendo o tomando.

Respuestas por el equipo de Despabilatte