Demasiadas palabras

El guión perdido de Charlie Kaufman sonaba más o menos así:

Después que un dron los espió por la ventana, él se acerca a ella y le dice:

¿Por qué no me dejas tener a alguien como tú? ¿Qué no ves que paso más de 1,968 horas pensándote? ¿Por qué no confías? ¿Por qué tienes miedo? Cuando estoy contigo, olvido que no me gustan los rábanos, pienso en los instantes sin ti –el sonido del mar me recuerda a ti ¿No ves que lo único que necesito eres tú? Quizá no soy lo suficiente, lo intento. El dolor en mi cabeza es muy fuerte, pero es más el dolor que siento al no poder verte y tener que escribir esto. No sé si funciona. No imagino un día sin ti, eres por lo que siempre he estado esperando, y llegaste y cambiaste mi vida. Todo lo que construimos, todo lo que podría ser, las risas que nos faltan, los paseos y los segundos. Ya no aguanto, quiero hacerte sonreír, no quiero acostumbrarme a vivir en donde no estés.

Él –llorando suavemente– toma su cabello, y comienza a trenzarlo, como aquella tarde en la  plaza cuando hablaban sobre los niños que jugaban en la fuente sin la supervisión de un adulto.

No tiene las palabras exactas para convencerla, un nudo en su garganta lo atrapa.

Espera su respuesta.

Fotografía por ikebanalena

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