Demasiada información para un solo corazón

6 julio, 2021

Tomo el autobús de camino al trabajo.

De repente suena mi celular, es número desconocido, tardo en contestar ya que no suelo responder números que no conozco, pero algo dentro me dice que si lo haga.

Es la voz de una mujer, conoce mi nombre. Mi corazón comienza a palpitar muy rápido, presiente que no se avecina nada bueno.

Yo no digo ni una palabra, sólo me dedico a escuchar.

Lo primero que dice es que te conoce, que es tu novia desde enero. Yo solamente me apresuro a hacer cuentas en mi cabeza, para saber cuanto tiempo has estado viéndome la cara de estúpida.

Dice (en tono de burla) que ya ha venido a la casa, muy constantemente al parecer, que hasta se ha quedado a dormir, que siempre llega en las noches para quedarse contigo. En ese momento se me llenan los ojos de lágrimas. El cubrebocas me ayuda a disimular. Continúa diciéndome que conoce a mis gatos, a tu mamá y que ha ido a casa de tu abuela. Ella se siente muy segura de lo que esta diciendo, cree que te conoce, pero yo sé que no.

Me pregunta si sigo en la línea, le hago saber que si con un simple: “aja”.

Me comenta que estás en problemas, que te está ayudando. Sé perfectamente a qué clase de problemas se refiere. No es nada nuevo.

Me limito a preguntar cómo es que sabe mi nombre y de donde obtuvo mi teléfono.

Dice que lo único que quiere es que yo sepa la realidad de las cosas y se disculpa diciendo que no sabia que tu y yo salíamos. No le creo nada, se nota que no es sincera.

Mientras ella sigue hablando y diciéndome todo lo que ha hecho contigo, yo en lo único que puedo pensar es: ¿por qué? Mi corazón sigue latiendo demasiado rápido.

Tardo en reaccionar. No sé que acaba de pasar exactamente. Demasiada información para un solo corazón.

Cuando por fin me cedé la palabra, me limito a decir que no me interesa. El nudo que tengo en la garganta es difícil de disimular.

¿Qué ganaba con llamarme? Lo hecho, hecho está. Es obvio.

Vuelve a decir que no sabia nada de nuestra relación, como esperando mi empatía. Mi perdón.

Me siento abrumada. Ya no quiero seguir escuchándola. La interrumpo. Le pido que, por favor, borre mi número y que olvide mi nombre. No me interesa saber nada más. Creo que con lo que me dijo fue suficiente para romperme el corazón.

Sigue disculpándose.

Me lleno de rabia. Volteo hacia la ventana.

Sin previo aviso y con lágrimas en los ojos cuelgo la llamada.

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