Cúlpame, porque yo también lo hago.

Cuando me preguntas por qué esa sombra no se va de mi mirada, hazlo, porque yo también lo hago.

Cuando me preguntas qué me pasa y ni yo lo sé, hazlo, porque yo también lo hago.

Cuando no sonrío y no sé por qué,
hazlo, porque…

Porque yo misma sé que he perdido el pomo de esa puerta,
que ni queriendo logro encontrar abierta, y que, por el fruto de la desconfianza, confié ese pomo a algún recóndito escondrijo de mi
desordenada cabeza.

Diría que no fue a propósito, pero mentiría;
supongo que sí lo fue.

Pero el corazón y la mente no son capaces de asumir aquello que no quieren entender, y mucho menos encontrar aquello que algún día dolió.

Cúlpame, porque no sé si es miedo a encontrarlo o la certeza de saber que yo misma me engaño,
al decir que no sé dónde lo escondí.

Cúlpame, porque yo también lo hago.

Fotografía por Kory Westerhold