como un acuario

Había querido escribir sobre el hotel. Sobre el jacuzzi, el agua caliente. Y cómo dolía salir del agua a la hora que sonaba el teléfono y nos avisaban que las seis horas habían terminado. Cómo dolía el allá afuera; cómo se nos lastimaba la fantasía al salir al tráfico con los ojos todavía llenos del oscuro de la habitación.

Había querido escribir sobre el cuarto. Oscuro, azul iluminado semineón. La cama grande que nunca usamos, en la que jamás dormimos. ¿Por qué no me robé las pantuflas que ofrecían? Y el ácido. Había querido escribirlo: cómo cortaste el pedacito de papel que me correspondía, mitad y mitad, con tus dedos callosos, más bien tus uñas, tus pulgares anchos –me gustaban tus manos– para ponerlo callado en mi lengua, mientras me veías a los ojos, y cuánto tiempo tardó en deshacerse en mi saliva. No lo sé. Quizá más bien me lo tragué.

Y en qué momento se derritió el azul oscuro iluminado semineón y se mezcló con el agua del jacuzzi, tibia, espejo de medusas, reflejante y viscosa. Escurriendo púrpuras de aluminio en las paredes. En qué momento se fundieron con nuestras pieles. Nos hicimos agua. Los colores de un acuario.

Quién era yo si me veía al espejo y quién eras tú en esa sonrisa. Y quién eras tú en la magia de tus manos, quién eras en ese vibrador lubricado y en esa explosión de mi orgasmo. Quién eras tú localizando mi clítoris de inmediato y quién eras tú con el rostro desfigurado por el ácido. ¿Y yo? En dónde quedaba yo si no en la punta de tu sexo en un oral o en el grosor de tus labios, frescos y húmedos: las ciruelas en el refrigerador que alguien más se comió. En dónde éramos, si no en las olas burbujeantes y en las películas que no entendimos porque estábamos muy drogados, en nuestras risas, en los colores del acuario fulgurando contra nuestras pieles.

Éramos y fuimos en seis horas de un jacuzzi. Y cómo quedaron de arrugadas nuestras manos, nuestras huellas, las ciruelas afuera del refrigerador que nadie se comió.

 

Fotografía por Tatjana Suski? Ninkovi?

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Creo que podría decir que me dedico, últimamente, a mí. Vivo de lo que me gusta: la escritura y algunas cosas editoriales, además de la ilustración; pero también intento trabajar en mis proyectos e ideas, para dedicarme eventualmente a como quiero vivir.