¿En qué piezas o proyectos has estado trabajando últimamente?
Recientemente he dirigido mi cuerpo de trabajo a la investigación de las dinámicas de la deshumanización contemporánea y su relación con la virtualidad. Inicié a partir de la exploración de fenómenos actuales como la selfie, los filtros de Instagram y la autosexualización virtual. Estas nuevas tecnologías suponen no solo una nueva forma de pensar la imagen, sino también nuevas posibilidades de vivir y experimentar el cuerpo.

El concepto del capital erótico propone adquirir ventaja social a partir de la atracción física y la performatividad de la feminidad, el “pretty privilege”. En un contexto de cosificación masiva hacia los cuerpos feminizados, la existencia de una corporalidad virtual puede regresar esta perversidad al ser perverso por sí mismo: un cuerpo post-internet que encuentra placer al situarse como un organismo forzosamente despersonalizado.

¿Qué aprendiste (o desaprendiste) mientras trabajabas en ello?
Al explorar nuevos medios como el video y el cine, he desaprendido la justificación conceptual o analítica y me encuentro explorando la sensibilidad y la intuición, buscando “la erótica del arte y no la hermenéutica”. Este nuevo posicionamiento ha sido en parte aterrador, porque la no racionalización supone también darle paso a la propia vulnerabilidad, pero me siento feliz.

¿Hubo alguna conversación, película, música o libro que se haya colado en ese trabajo?
Hay dos libros que me han acompañado en este proyecto: El primero es Mátate amor de Ariana Harwicz; me encanta la metamorfosis que plantea hacia la feminidad y su aniquilación para liberarla en algo monstruoso y violento, con roces hacia lo animal, cómo entrelaza la vida doméstica con una sexualidad salvaje y nociva.
El segundo libro es Testo Yonqui de Paul Preciado; su tratamiento de la imagen como una presencia forzosamente pornográfica y su entendimiento del género como un invento de la Segunda Guerra Mundial me parece muy interesante. Vincular cuerpo, tecnología e imagen como fenómenos que no se pueden entender de forma aislada ha sido fundamental para mi investigación.

¿Qué fue lo más difícil que has enfrentado últimamente en tu proceso creativo?
Aceptar la vulnerabilidad que implica trabajar desde la intuición y la sensibilidad, dejando de lado la justificación conceptual y la racionalización. También ha sido un desafío enfrentarme a la complejidad de fenómenos como el capital erótico y la deshumanización sin simplificarlos, manteniendo la honestidad en mi obra.

¿Cuál es tu restaurante favorito y qué nos recomiendas pedir?
Mi restaurante favorito es La Maldita Fonda, en Tlalpan, y recomiendo probar el menú del día.

Recomiéndanos uno o más artistas que sigas, que te inspiren, y dinos qué es lo que más te gusta de su trabajo o de su forma de trabajar.
Mis artistas favoritos en este momento son Giséle Vienne, José Luis Cuevas y Payal Kapadia. Me inspira su forma de explorar la corporalidad, la emoción y la narrativa visual de maneras profundamente personales y originales.

Nací y crecí en la Ciudad de México; de manera autodidacta me relacioné con la literatura desde temprana edad y cursé estudios en fotografía y cine.
