Cántico Coágulo

estos muertos son míos
(señalando las palabras)
estos muertos son míos.
Arturo Carrera

Apreciación hacia los viajes alucinados,
los sueños perdidos,
cadáveres sin identidad.

La entropía se manifiesta en la carne.
Poblada por visiones, condensada y sangrante,
la mente porfía desde su lugar.

“¡Mira cómo se ríen!”

Aquí estuve,
otra noche,
otra voz pálida,
otras manos y otros pies
desnudos,
la intemperie llamó a la ventana,
en este blanco abismo.

Ya hablando de voces, hay una pérdida perpetua de la memoria.
…dicha dicha dicha dicha…

Faulkner me llama desde sus lugares.
Inexistente, atiendo su llamado, inexistente
lo he olvidado (y, ¿cómo, si nunca te he leído?).
Retrocedo, entonces, y vuelvo a la entropía.
Me acabo.
Nos acabamos.

“¡Mira cómo lloran!”

Todo se acaba.
Heme, entonces, heme
desde esta condición de turista existencial, condición de atenuación
cantándole canciones a las paredes, cantándole
al silencio de mi propia tumba,
silencio.

Aquí están tus sueños, Tzara.
Esta época te reclama mesías.
Mira como desde mi enfermedad encarno la ceniza que alguna vez cayó sobre sus pechos,
absurdos de los absurdos.
Ismos, los he amado y odiado por igual.
Y los olvidaré, también, como olvidaré mi lenguaje.

Ab-ismo.

Se acaba.

Miren como la cobardía es nuestra tez.
Sumergidos en el drenaje de luces artificiales,
el pasado negado
el futuro ya corrompido
el presente extraviado.

Es la condena de las visiones, Rimbaud.
Ven y desde tu eternidad soleada y agua salada,
perdónanos.

Con el vacío más mediocre.
El concepto irreal, tan poco eficaz que la ambigüedad de la interpretación se pierde en su propia miseria,
observa cómo nace la muerte.

Es este un camino sin fin,
susurrado,
que aún no comienza.

Pido no más que la gloria del olvido.

Fotografía por Martin Canova

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