No hay tránsito; la calle está lo suficientemente oscura como para pensar que es mucho más noche. Giro en Morelos para entrar a Bucareli y me toca el alto, el que está antes del reloj que parte la circulación en dos: carril derecho o carril izquierdo. En medio de la avenida viene caminando una mujer de la calle, claramente bajo los efectos de alguna droga. Está despeinada, sucia, con la mirada perdida, sus facciones son duras, parece enojada, camina retando a la vida: viene en sentido contrario a los autos y por un momento parece que viene hacia mí. No la llames, pienso. Deja de pensar que viene hacia ti, me digo internamente.
Su caminar es agresivo y sumamente imponente. La droga le hace sentir algo tan fuerte que, mientras avanza, sacude todo el cuerpo bruscamente, desde la cabeza hasta los pies, una especie de convulsión inducida. Es claro que no es un baile, pero al ver la escena no puedo evitar musicalizarla, tendría de fondo algo de The Prodigy o un techno sucio, beats que golpean.
Que ya me toque el siga, suplico y me lamento por no haber podido capturar esa escena que me remite, una vez más, a una película de Leos Carax.
Fotografía por Larren Lee.

