Ajeno Cafetería

¿Cómo nació este local y qué lo hizo diferente desde el principio?
Ajeno nació más como una sensación que como un plan. Siempre existió la idea de una cafetería, pero durante mucho tiempo vivió únicamente en mis ideales, como algo que aún no encontraba su momento. Con el tiempo surgió la oportunidad de hacerlo realidad, y fue ahí donde la idea tomó forma: crear un espacio que no se sintiera propio del todo, sino como un lugar que cualquiera pudiera habitar emocionalmente. Desde el principio, lo que lo hizo diferente fue esa intención: no queríamos solo servir café, queríamos construir una atmósfera donde las personas pudieran sentirse fuera de lo cotidiano, aunque fuera por unos minutos.

¿Qué parte del día, del espacio o del proceso creativo disfrutan más quienes trabajan aquí?
Hay algo muy especial en los momentos intermedios: cuando el lugar no está completamente lleno ni vacío. Disfrutamos mucho observar cómo el espacio cambia con la luz del día y cómo cada cliente lo habita de forma distinta. En el proceso creativo, lo más disfrutable es pensar en pequeños detalles —una frase, una textura, una imagen— que terminan construyendo la experiencia completa.

Si alguien entra por primera vez, ¿qué es lo que no debería perderse?
Más que algo específico, no deberían perderse el momento de pausa. Sentarse, observar, una pequeña charla, escuchar. Tal vez un café con una galleta, pero sobre todo la sensación de estar en un lugar que no exige nada más que estar.

¿Cuál ha sido un desafío interesante que los haya hecho replantearse algo sobre el proyecto?
Uno de los mayores desafíos ha sido entender que crecer no significa perder la esencia. Nos ha hecho replantearnos constantemente qué es realmente Ajeno y qué cosas son solo ruido externo. Ese proceso nos ha ayudado a tomar decisiones más conscientes y a cuidar mejor la identidad del proyecto. 

¿Qué influencia, idea o referencia sigue guiando lo que hacen hoy?
Nos sigue guiando la idea de lo “ajeno” como algo que no pertenece del todo, pero que al mismo tiempo se siente cercano. Esa dualidad es la base de todo: en el espacio, en los sabores, en la comunicación.  

¿Qué lugar, proyecto o persona los ha inspirado últimamente y por qué?
Nos inspiran mucho los proyectos que logran construir identidad desde lo simple. Lugares donde cada elemento parece pequeño por sí solo, pero que juntos crean algo muy honesto. Esa coherencia es algo que constantemente buscamos.

Si su espacio pudiera invitar a alguien a colaborar por un día, ¿quién sería y qué harían juntos?
Tal vez a alguien que entienda el café como un lenguaje creativo, no solo técnico. Siempre he sido amante del arte, probablemente haríamos una intervención en el espacio: una mezcla entre menú especial, y alguna pequeña exposición visual, arte, fotografía, algo por el estilo.

¿Hay algún objeto, rincón o detalle del lugar que tenga una historia que pocos conocen?
Es curioso, porque en cierto sentido el espacio ya era ajeno desde antes de ser Ajeno. Gran parte de lo que hoy existe ya estaba ahí, pero con el tiempo fuimos apropiándonos poco a poco de cada rincón, dándole intención y significado. Lo que antes no nos pertenecía, hoy tiene una historia, una emoción o una decisión detrás. Tal vez ese es el detalle que pocos conocen: que el lugar no se construyó desde cero, sino que se fue transformando hasta sentirse nuestro, sin dejar de ser ajeno.

Si este proyecto fuera una ciudad, un libro o un disco, ¿cuál sería y por qué?
Sería un libro de notas: fragmentado, íntimo, a veces inconcluso. Algo que no necesariamente sigue una estructura clara, pero que se siente honesto en cada página. Ajeno viene mucho de la inspiración del sentimiento íntimo. Ajeno Cafeteria no busca ser perfecto, sino busca ser parte de cada una de las personas que se sienten libres de contar su día, el cómo se sienten, incluso que llegan a sentirse casi como amigos: en fin, sentimiento e historias de cada persona que es parte de Ajeno Cafeteria.

Respuestas por Edgar Alfaro, Fundador y Director Creativo de Ajeno Cafetería.