Entre la sombra y la montaña
aún queda un hilo de luz.
No es el perdón lo que busco,
es entender que te perdí
y que en esa pérdida florece algo vivo.

Te hice daño —lo sé—
como quien rompe una rama
sin ver que en ella anidaba un canto.
Ahora escucho el eco,
lejano,
y sé que era tu voz.

El paisaje sigue allí,
quieto, paciente,
mientras la vida vuelve a crecer
en los rincones donde ya no estás.

Deseo que el sol te encuentre primero,
que tus días sean suaves,
que el viento no te recuerde a mí.
Yo me quedo aquí,
en esta sombra que mira hacia afuera,
aprendiendo que la esperanza
también puede tener forma de despedida.

Fotografía por Isaac Castillo Soto