Espero que estés orgulloso

Espero que me recuerdes cada día,
como esos pensamientos que no cesan,
los que no se marchan por más que los empujes.

El tipo de recuerdo punzante
que llega cuando dudas de ti mismo.

Como la sensación de salir de casa
y sentir que algo te falta.

Como olvidar la última cosa
en la lista del supermercado.

Espero que te avergüencen tus actos.

Espero que un día te pongas en mis zapatos,
aunque sé que te quedarán grandes.

Espero que un día entiendas
lo que es que el alma se ahogue en llanto.

Espero que te arrepientas
y grites mi nombre en solitario.

Que recuerdes mi cuerpo
como algo que jamás podrás alcanzar,
aunque te pongas de puntitas.

Que te obsesione mi mirada,
esa que tú sabías cómo te desnudaba.

Espero que cuentes historias de mí
como si fuera una leyenda urbana:
la primera vez que alguien —fuera de tu familia—
te dio un hogar.

Espero que todo este daño que me hiciste
haya valido la pena;
haber sacrificado una cosecha entera
de girasoles en verano.

Espero que, al arrancar pétalo por pétalo,
el último siguiera diciendo “me quiere”,
y que aun así sientas que fallaste.

Espero que veas mujeres de cabello rizado
y se te erice la piel
solo de recordar el mío.

Espero que dejarme seca
haya calmado tu sed,
y que ahora tengas agua
hasta en los lugares más desérticos.

Tal vez pido demasiado.
Tal vez no pido nada.
Tal vez ya lo viviste.
Tal vez nunca lo vivirás.
Tal vez ya lo sabes.

Dime, ¿cómo fue para ti?

¿Cómo quitarse una curita mal puesta?
¿Cómo sacar la basura del abrigo de invierno?
¿Cómo pedir una fumada a un desconocido?
¿Cómo tragar una pastilla en una fiesta navideña?
¿Cómo despertar sin sueño?
¿Cómo respirar aire fresco
después de meses encerrado?
¿Cómo soltar las bolsas del mandado?
¿Cómo llegar a la meta
después de correr horas atado?

¿Cómo fue? Dime.

Espero que estés orgulloso.
Espero que estés orgulloso.
Espero que estés orgulloso.

Y que tu padre lo esté más.
Al fin y al cabo,
no cualquiera logra convertirse
en un lobo con piel de oveja…
Y ni así logra ser algo distinto
a lo que siempre fue:
un monstruo con miedo a sí mismo.

Fotografía por Ana Valentina Palacio