¿Cómo nació este espacio y qué lo hizo diferente desde sus primeros días?
La fotografía puede abordarse de muchas maneras, tanto frente a la cámara como detrás de ella. Desde el inicio quisimos que este fuera un espacio sin pretensiones, un lugar humano donde compartir la fotografía como medio para conocer tanto el mundo interior como el exterior. Es, al mismo tiempo, una celebración de la fotografía como oficio, legado, tradición, arte y objeto de aprecio.

¿Qué momento del día, rincón del lugar o parte del proceso disfrutan más quienes trabajan aquí?
Hay una hora de la tarde en la que los autos reflejan el sol a través de la ventana, y entonces el espacio se llena de un desfile de sombras y proyecciones: un juego de luces que transforma todo por un instante.

Cuando alguien entra por primera vez, ¿qué es aquello que no debería perderse?
Creemos que, a través de los libros, podemos descubrir nuevas formas de ver y de habitar la fotografía. Es en ese ejercicio donde, casi sin darnos cuenta, vamos recogiendo ideas, referencias y, con nuestro propio análisis, ampliamos la manera de mirar y de estar en el mundo.

¿Ha habido un desafío que los haya hecho repensar el rumbo o la forma de este proyecto?
La fotografía es paciencia: todo tiene su ritmo y aprenderla lleva toda una vida. En cualquier proyecto hay cosas imposibles de prever, aprendizajes que solo llegan en el día a día. Hemos entendido que se trata de avanzar poco a poco, mejorando cada proceso con constancia y atención.

¿Qué influencia, idea o referencia sigue marcando la manera en que trabajan hoy?
La forma en que Japón aborda el oficio: la mejora continua, la experimentación, la contemplación y la atención a los detalles.

¿Qué lugar, proyecto o persona los ha inspirado recientemente y por qué?
Nos inspira una filosofía de vida que enseña a habitar el presente con sencillez. La fotografía es un acto que exige toda nuestra atención. Como decía Cartier-Bresson, hay que olvidarse de la máquina hasta que se vuelva una extensión de uno mismo: disparar desde el instinto y no desde la mente. Lo mismo ocurre en el laboratorio: se trata de estar presentes y hacer cada cosa con intención.

Si este espacio pudiera invitar a alguien a colaborar por un día, ¿a quién elegirían y qué harían juntos?
Somos un espacio abierto a colaborar con fotógrafos y creadores. Nos gustaría que este lugar se use para exponer, compartir obra y, sobre todo, generar conversaciones en torno a la fotografía.

¿Existe algún objeto, rincón o detalle con una historia secreta o poco conocida?
Carlos Marbán fue un fotógrafo del que sabemos muy poco, pero tuvimos la fortuna de rescatar su archivo cuando estaba a punto de desecharse. Son cientos de diapositivas dispersas por la tienda: viajes por la república, escenas de la ciudad, flores y paisajes de otros países. Hoy conviven aquí como pequeñas ventanas a un mundo que estuvo a punto de perderse.

Si este proyecto fuera una ciudad, un libro o un disco, ¿cuál sería y por qué?
Una ciudad contemplativa, vivida de noche.
Un libro: Ravens, de Masahisa Fukase o Valparaiso de Sergio Larrain.
Un disco: Giant Steps, de John Coltrane, o Disintegration, de The Cure.