Elementos impares

Tu libro Elementos Impares tiene un título que sugiere una especie de desajuste, de falta de simetría. ¿Qué fue lo primero que apareció: el título o la sensación que lo nombra?
La sensación que lo nombra, sin duda. Desde muy niña he tenido esa sensación de ser ajena. El título llegó mucho después, ya finalizada la última versión del manuscrito. Tras cenar con Francesco, uno de mis amigos más queridos, íbamos, como solemos hacerlo, caminando por la ciudad. Mi parte favorita de cenar con él es precisamente esa: nuestro digestivo peatonal o sobremesa en movimiento. En ese trayecto le comenté que no encontraba el título de mi libro. Él sugirió Elementos Imparos, que me encantó. Pero: no tenía sentido que fuera en italiano, y tras escuchar el sonido en ese idioma, no me enamoraba tanto la equivalencia en español. Pero conforme lo repetía creció en mí: Elementos Impares. Fin. 

¿Cómo empezó este libro? ¿Fue una colección de textos que se fueron juntando o hubo desde el inicio una idea clara de lo que querías decir?
En medio de una crisis de identidad tras terminar un vínculo afectivo que me hizo dudar de la realidad: qué había sucedido y qué no, quién era un narrador confiable y quién no. En resumen: quién era yo. En mi proceso de recuperación sentí el impulso de transformar esa relación en un guión, del cual luego hice una lectura en frío con dos actores. Al escucharlo en voz alta me di cuenta que ahí había una buena historia pero que prefería contarla en forma de literatura. Comencé mi proceso de escritura y en el camino me embarqué en una relación que parecía lo opuesto a ese primer cimiento, ambas tóxicas, pero una esteril de deseo y otra basada en sexo. Conforme pasó el tiempo tomó otra forma, un coming of age tardío tan característico de mi generación. Más una mujer encontrando su voz como creadora, mientras se conoce a sí misma a través de su reflejo en el “espejo” de múltiples hombres. Una radiografía de nuestra búsqueda en el otro. Después, en Francia, en una residencia para escritores, encontré lo que finalmente dio forma al universo de Elementos Impares: la tabla periódica. Entonces surgieron las reglas del juego: cada capítulo sería un elemento, las abreviaciones de los artículos servirían como onomatopeyas o para formar figuras poéticas, etcétera. 

¿Qué autores o autoras sentías cerca mientras escribías Elementos Impares
No necesariamente fueron escritores. El más cercano: Dimitri Mendeleiev, pues mi obra cita su tabla periódica. Fue mi muso indirecto y aún me debo una peregrinación a su departamento-museo en Rusia. 

Muchos compositores, particularmente Satie. Durante todo el proceso de escritura tenía una playlist muy específica que ahora no puedo escuchar, pues soy como un perro entrenado que al oírla cree que se tiene que poner a teclear.

No fue para nada una influencia, pero cuando vi The Worst Person in The World de Joachim Trier me pareció sumamente cercana a Elementos Impares, creo que sus antiheroínas adolecen de lo mismo. 

Ahora, autores que disfruto leer: 

  • De cajón: Amélie Nothomb. 
  • Me enloquecen sus plumas: Marguerite Yourcenar y  Annie Ernoux.
  • Actualmente leyendo: I Regret Almost Everything, de Keith McNally y Didion and Babitz de Lili Anolik. 

Publicar puede sentirse como cerrar un ciclo. ¿Lo fue para ti? ¿Cambió tu relación con esos textos una vez que estuvieron impresos y circulando?
Es una suerte de duelo. En el proceso de escritura uno fantasea con terminar. Pero yo encontré que hay muchos finales falsos; el par de veces que crees haber acabado tu novela pero no,  el final de la escritura, el final de la edición, el final de la corrección de estilo, la última lectura, la última lectura ya con el diseño, la última lectura en las pruebas de impresión. Luego en lo que se publica por fin eres libre y en mi caso fue algo así como dejar de estar enamorada. Extraño ese impulso de querer irme de una fiesta buena porque necesito escribir. Escribir un libro es tener siempre a alguien que te espera en casa. Sólo que ese alguien eres tú. 

¿En qué estás trabajando ahora? ¿Estás escribiendo algo nuevo, o dejándote escribir por otras cosas?
Una historia de terror que tengo en la cabeza desde hace una década. Pero aún no se deja parir. Al tiempo. Además: estoy interesada en ahora sí hacer un guión y en escribir ensayos.

Entrevista por Abel Ibáñez G.
Retrato por Jesús Cornejo