Tres horas de eternidad

Perdí 3 horas dentro de un auto blanco.

La eternidad también puede ser tres horas de besos:
en el asiento delantero, 
en la oscuridad del centro,
con tu canción favorita en loop hasta el amanecer. 

Bésame con un poco de culpa o cargando toda la culpa del mundo. En la eternidad de dos horas cuarenta. Y la fugacidad de los últimos veinte minutos.

Bésame para reafirmar lo indiscutible y abrazar lo inevitable.

Confieso que encuentro un placer poco convencional al besarte. Y no me bastan las repetidas ocasiones en que lo hemos hecho, porque sigo tentada a darte el poder de destruirme.

Solo para saber, y demostrar una vez más, que tengo la fuerza, la valentía y el amor suficiente para repararme a mí misma. 

Fotografía por Karen Anahi Olvera Vargas