Perdí 3 horas dentro de un auto blanco.
La eternidad también puede ser tres horas de besos:
en el asiento delantero,
en la oscuridad del centro,
con tu canción favorita en loop hasta el amanecer.
Bésame con un poco de culpa o cargando toda la culpa del mundo. En la eternidad de dos horas cuarenta. Y la fugacidad de los últimos veinte minutos.
Bésame para reafirmar lo indiscutible y abrazar lo inevitable.
Confieso que encuentro un placer poco convencional al besarte. Y no me bastan las repetidas ocasiones en que lo hemos hecho, porque sigo tentada a darte el poder de destruirme.
Solo para saber, y demostrar una vez más, que tengo la fuerza, la valentía y el amor suficiente para repararme a mí misma.
Fotografía por Karen Anahi Olvera Vargas

(Ciudad de México, 1991). Observadora de lo cotidiano y de los vínculos que nos definen. A veces escribo, danzo, pinto. Siempre escucho, observo y sueño.
