Torreblanca: lo que florece tras el silencio 

Una conversación con Juan Manuel Torreblanca sobre su regreso a la música, su nueva canción inspirada en Sylvia Plath y el acto de abrazar lo que murió, para renacer.

En 2013 y 2014 fui más que su personal manager: tuve el honor de ser parte del pulso que hacía latir a Torreblanca. Vivimos juntos la cima: la canción “Roma” sonando en cada teléfono Telcel, giras, conciertos llenos… y un día, el silencio. Pausaron en su mejor momento. Juan Manuel luego se quitó muchas capas: Torreblanca ha ido mutando y ahora regresa con música que patea puertas.

Pasaron años de actividad intermitente hasta que en 2025, emergió Sylvia Plath, un ritual heredado de terapia y poesía —esa que tanto importa. Ahora vuelve a escena con un concierto el 10 de septiembre en el Lunario del Auditorio Nacional, acompañado por Mariel Mariel.

Esta es una conversación fuerte, frágil y querida: un reencuentro personal y creativo. Aquí, él habla del adiós, del renacer y de lo que aún late.

–Pamela RM

Han pasado años desde que dejamos atrás aquella Torreblanca de giras y ringtones. Y también la juventud un poco. ¿En qué momento entendiste que Torreblanca iba a transformarse? ¿Qué simboliza ese “silencio” y cambios que llegaron después? 
¡Ufff! Sinceramente creo que ese mundo de hace una década era otro, otro, otro. Y éramos otras personas. Ahora nos recuerdo como entre neblina. Con mucha nostalgia y melancolía pero también mucho agradecimiento y ganas de haberlo podido disfrutar todavía más. Supongo que (siempre) la lección (si es que la hay) es para el presente. La transformación llegó como llegan los divorcios, con mucho dolor y mucha renuencia. Se creó arte y vida en comunión y cuando en la balanza lo difícil empezó a pesar más que lo gozado, fue como si se encendiera una sirena de alarma que nadie quería ver ni escuchar. Torreblanca tenía que transformarse o morir (o morir para transformarse) porque sencillamente ya no se podía avanzar más juntos con el respeto, la dignidad, el amor y la felicidad que el grupo y cada uno de sus integrantes merecían. Fue como llegar a un callejón sin salida. A eso se sumó desde luego el cambio en todo el mundo de la música, “la industria”, la escena; la pauperización de todo y las nuevas modas y tendencias. La mano de Cronos no suele acariciar. El silencio es parte de una búsqueda o un descubrimiento que responde a la pregunta: ¿qué y quién soy si dejo de ser/hacer lo que he sido/hecho día y noche, 24/7 por tantos años?

“Sylvia Plath” nace de un ritual creativo, de terapia y literatura. ¿Qué significa para ti el ritual? ¿Qué significan los rituales en tu camino personal y musical? ¿Por qué son importantes?
Creo que el ritual es inevitablemente parte de lo humano. Cómo construimos nuestros días, cómo soportamos la vida, cómo le damos sentido, cómo nos relacionamos, cómo aprendemos, cómo entendemos el mundo, nuestra propia identidad… Este año me he sentido más triste y he sentido al mundo más desolado de lo que lo había sentido en mucho tiempo. A falta de un optimismo ante lo global, ante el potencial cataclismo que la “inteligencia artificial” parece representar a futuro para artistas y creativxs… no sé, creo que es un salvavidas el ritualizar y agradecer el privilegio de poderse dar un baño con agua caliente. Para mí es un ritual salvavidas el ir al teatro y apagar el pinchi smartphone dos o tres horas. Caminar por la ciudad y sentir mis pies, mi cuerpo vivo, mis dolores y sus treguas. Componer siempre fue algo ritualístico porque tiene algo de meditación y de invocación al misterio. Sigue siéndolo. Ir a terapia es otro privilegio pero también es un ritual a través del que me digo que quiero seguir aquí, vivo, hoy; y que quiero (como puse en una canción hace algunos años) aprender a amar mejor. Sobra decir que el primer paso es el más importante y el más difícil: aprender a amarme y valorarme a mí. “Sylvia Plath” desde su composición hasta su grabación y publicación fue un efecto dominó de rituales afortunados que me confirmaron en este año aciago que —a veces— la inercia luminosa del arte es como un llamado al que acuden amistades y extraños de maneras inesperadas como si la canción fuera un ente que necesita existir y nos usa a nosotros para hacerlo y no al revés.

Tras años colaborando en teatro, cine y producciones, vuelves a la escena como cantautor. ¿Qué dimensión nueva te aporta esa experiencia escénica a la hora de componer o vivir un concierto?
Pues es complejo para mí mismo entenderlo y quizás verbalizarlo porque aunque me encanta cantar y amo componer, y la orquestación y la colaboración con otros instrumentos, voces e intérpretes me enriquece mucho, algo que disfruto muchísimo del teatro (en el rol de dramaturgo o director) y del producir a otrxs es no tener que acuerpar yo la defensa de esa obra de arte todo el tiempo en los escenarios. Me gusta contribuir y saber que estoy allí aunque lxs intérpretes sean otras personas. Quizás sea un poco pánico escénico, no estoy seguro. Ahora… lo que si pienso hoy más que antes, es que cualquier concierto es un performance escénico además del mero interpretar en vivo la música. Es un ritual, una comunión. Y todo significa allí arriba. Entonces trato (o quiero pensar que voy a tratar de) ser más consciente en mis decisiones.

Me encanta que tu música siempre ha tenido una conexión especial con la poesía y la literatura. En tu nuevo álbum “Protocolo de caídas” ¿encontraremos referencias a otros poetas además de Plath? 
Creo que mi principal influencia es Stephen Sondheim. Su conexión directa (y matemática) con las cuerdas emocionales de la composición musical es incluso más poderosa que su destreza con las palabras, pero lo que logra al conjuntarlo todo es magia pura. Tengo muy presente a Mary Oliver y su engañosa sencillez. También me ha conmovido mucho en los últimos años la obra de Ocean Vuong.

¿Quién es hoy Torreblanca en comparación con quien fue hace diez años? ¿Qué se ha transformado en ti durante este tiempo? ¿Qué capas te has quitado y qué piel nueva ha salido? ¿Qué va a escuchar tu público en este renacer?
Antes que nada debo confesar que espero que el público pueda escuchar ese disco. Este año he estado peleando con una depresión sutil, silenciosa, insidiosa. Es “mucho más fácil” no hacer nada, no tener que enfrentar mis miedos y lo caro que es todo y lo mucho que siento que ya me caí del tablero de ajedrez. Pero no quiero tirar la toalla todavía así que me confieso con la esperanza de que eso eche carbón al motor que me pueda sacar de ese pantano en el que me siento tan solo. Espero lograrlo porque creo verdaderamente que hay canciones muy bellas y más directas y transparentes en este disco de lo que me había atrevido a hacer antes. Desde luego también es (sigue siendo) un esfuerzo inmenso colaborativo donde está plasmado el talento de muchísima gente. Y esas personas merecen que esa música vea la luz, creo… solamente pareciera que no sé cómo quitar el dique de piedras del camino.

El 10 de septiembre tocas en el Lunario. ¿Cómo preparas este regreso íntimo en un lugar clave en tu historia? ¿Qué vas a traer contigo a ese escenario?
Lo estoy preparando con mucha fé y con confianza en el equipo de socios y amigos que tengo encargándose de la producción de esa noche, que estará en manos de Bruckner Herrera (la empresa de Marcos Herrera y El Tío). Quiero hacer un recorrido emocionante desde las primeras hasta las últimas canciones. Siempre siento de inicio la tentación de hacerlo en orden cronológico pero luego cambio de opinión porque me parece más importante el viaje emocional por el que nos va a llevar el setlist de principio a fin. Va a ser un concierto con una banda grande, mucho talento en el escenario. Sin duda hay una conciencia también escénica (por no decir teatral) de lo que cada persona y cada momento y movimiento pueden provocar. Traeré colaboraciones nuevas y algunas muy de siempre. Canciones que llevamos quizás 15 años sin tocar y canciones nuevas. Por supuesto que compartir la noche con mi hermanita Mariel Mariel en la celebración de una década de haber publicado su discazo Foto Pa Ti hace este concierto algo súper especial. Ella lleva muchos años de regreso en Chile entonces será un lujo disfrutarla en el Lunario. Y lo más importante al final será (como siempre) el compartir la música con el público. Recordar (y en mi cumpleaños) que uno de los regalos MÁS GRANDES que me han dado la vida y la música es que algunas de esas canciones ya sean más de ellxs que mías.

¿Vamos a encontrar colaboraciones especiales en el nuevo álbum? 
Sí, si logro publicarlo (¿risas?). Ya están grabadas desde hace años, pero no quiero hablar de ellas porque (más allá de mis inseguridades y miedos y traumas), creo que es más bonito que sean sorpresa.

Mirando hacia adelante: Protocolo de caídas, próximos sencillos, conciertos… ¿qué no se ha dicho aún de este renacer que nos quieras contar?
Desde luego el plan de este concierto (ahora sí), es que —una vez que esté bien armadito y amarrado y lo sonemos en ese foro tan querido— podamos llevar esta música nuevamente a otras ciudades; y a nuevos territorios. Yo amaría poder llegar con mayor contundencia también a otros territorios como España y el cono sur. El chiste del protocolo de caídas está (por supuesto) entre líneas. Lo que me importa hoy no es tanto aprender a caer mejor, o no por el caer en sí, sino para eventualmente aprender a levantarme mejor, más rápido, más fuerte, menos devastado.

Con todo lo caminado y aprendido desde el día uno de la existencia de Torreblanca al momento en el que respondes esta pregunta…¿Harías algo diferente?
Miles de cosas. Pero —¿afortunadamente?— no puedo, y eso le confiere una cualidad agridulce de perfección a mi imperfecto caminar. Me toca soportar. Ser. Tratar de seguir haciendo. Agradecer y volver al ritual de respirar profundo y acompañar al aire mientras entra y me llena y luego sale y me deja un poquito más tranquilo.

Fotografía por Rodrigo Nava