Tenía ganas de escribirle

Tenía ganas de escribirle. Decirle que lo extrañaba, aunque, realmente no sabía que extrañar de él, si su estúpida manera de llenarse la boca de comida y luego hablarme de modales o que los viajes en su auto siempre estaban llenos de buena música.

Quería decirle que aquí en casa todo estaba bien, que ya no lloraba tanto todos los días y que los domingos seguían siendo iguales, que aprendí a preparar café y mi comida dejó de estar enlatada. Quería decirle que se fuera al infierno, que se llevara sus demonios y dejara en paz los míos, tenía ganas de llamarle, escuchar su voz mandándome al carajo y esperar su mensaje con disculpas tontas y contestarle al otro día por no saber qué decir.

Tenía ganas de abrazarlo, de comerle la boca y decirle que todo estaba olvidado, que ya nada importaba, que eran más grandes mis ganas de regresar a su auto y seguir escuchando buena música, que ya estaba harta de llorar todas las noches y extrañarlo todos los días, que todo sabía mejor con él a mi lado. Tenía tantas ganas que, preferí no decir nada, preferí que alguien más lo besara, que le hablara a otra de modales. Total, yo sólo quería escuchar su voz mandándome al carajo.

Fotografía por Abel Ibáñez G.