¿En qué piezas o proyectos has estado trabajando últimamente?
“Te amo tanto, papá” es mi primera serie fotográfica pensada y trabajada de forma consciente. No surgió de salir a caminar, tomar fotos al azar o convivir con mis seres queridos, sino de un proceso de observación hacia mi papá. El año pasado (2025) cumplí 30 años y, durante la segunda mitad de mis veinte, viví con el hombre que me dio la vida un proceso de cambio y conexión profunda que no pensé alcanzar; nuestra relación a los 24 no era la mejor.

Sin embargo, durante la pandemia, el aislamiento nos obligó a convivir: por primera vez en 24 años él pasó tiempo en casa. Al principio fue incómodo y extraño verlo tanto tiempo allí; lo sentía como un alien. Recién había salido de la universidad y, aunque no tenía un trabajo estable, me buscaba un lugar grabando y fotografiando fiestas, rentando equipo y desarrollando proyectos artísticos personales. Tras la pandemia, mi trabajo era casi nulo; de vez en cuando conseguía un trabajo de $3,000 pesos al mes y luego nada. Mi papá se arrepentía de haberme permitido estudiar eso y yo le pedía que me pagara una maestría; él respondía: “¿Para qué? ¿Para que tampoco tengas trabajo?”.

No fue un padre ausente, pero tampoco convivíamos tanto como me hubiera gustado. Sin embargo, el confinamiento y los encuentros cercanos obligados nos permitieron entendernos. Le demostré que podía salir adelante y me apoyó sin reparos. Este proyecto no nació cuando empecé a fotografiarlo, sino cuando, en 2023, llorando mientras íbamos solos en el coche, le dije: “Pa, no soy feliz”. Él me respondió: “Entonces, ¿qué haces aquí? No importa esto, déjalo todo y persigue lo que te haga feliz; es lo único que importa”. “Te amo tanto, papá” no busca retratarlo como el hombre que es, sino como yo lo veo, con mi mirada y admiración, desde el amor. Ahora él me acompaña y me contiene, diciéndome cada día: “Tienes que descansar; el trabajo y el dinero no lo son todo en la vida”.

¿Qué aprendiste (o desaprendiste) mientras trabajabas en ello?
Hasta entonces había trabajado en cine, publicidad y contenido para internet, pero nunca había hecho una exploración tan personal, ni siquiera cuando escribía. La aproximación es muy compleja porque confronta miedos muy íntimos. Cambió mi forma de trabajar: este proyecto quiero hacerlo porque para mí es importante, así que la disciplina y la organización son fundamentales, pero al mismo tiempo es una exploración. Escribir y luego ver si eso funciona en imágenes, planear espacios inmersivos que generen imágenes de las imágenes.

Hubo pausas largas porque investigué más la forma, pero no por la forma en sí, sino para que sirviera al proyecto. Entendí que la forma no sirve de nada sin el fondo y que a la gente no le importará la técnica; si conectan, será porque los hice sentir algo desde mi experiencia. De niño no me tomaron muchas fotos; creo que mi papá nunca me tomó alguna. Tengo algunas con él porque pagaba en circos e iglesias por polaroids de mí. Retratarlo ahora, durante mucho tiempo, mientras hace sus actividades, ahora que la cámara y mi compañía ya no le son ajenas, me ha hecho entender que el crecimiento es mutuo y que la relación también.

¿Qué palabras, ideas o emociones te rondaban la cabeza?
Amor, entusiasmo, alegría, enojo, frustración, tristeza y miedo. Miedo porque mi papá ha envejecido y, en el momento en que no nos llevábamos tan bien, sumado a la pandemia, en terapia entendí que la muerte es parte de la vida y que quizá él y mi mamá se irán antes que yo y completarán su paso por la tierra.

Me asusta saber que mi papá no es eterno, que ha crecido y lo he visto, que ya no es el hombre invencible que era cuando yo era niño. Pero, como le he dicho en estos nuevos procesos, bienvenida esta nueva etapa: no es un final, es el comienzo de todo lo bueno y nuevo que viene. A diferencia de reconstruir mis memorias y mi mirada hacia él, sin retratarlo sino creando el avatar de mi papá, en el presente, mientras recordamos, sucede su vida, que no es nueva: es la vida misma.

¿Hubo alguna conversación, película, música o libro que se haya colado en ese trabajo?
Mucha música. Creo que me inspiro más a través de los sonidos y espacios sonoros. Empecé con música medicina, porque allí conocí la canción que también quiere nombrar este proyecto: “…muéstrame lo que sabes que yo te enseño a jugar, levántame con tus manos que el cielo quiero alcanzar, nunca me dejes solito, te amo mucho, papá…”.

¿Qué fue lo más difícil que has enfrentado últimamente en tu proceso creativo?
En estos dos últimos años mi papá sufrió dos operaciones, no graves, pero una cada año. La primera fue más compleja en su recuperación; sin embargo, el shock de una segunda tan pronto me dio mucho miedo, por lo que detuve el proyecto. Lo retomé recién, mientras escribo estas palabras, pero creo que el tiempo y esta situación han sido un reto importante. Hay otro reto menor, relacionado con la parte técnica: siempre había querido que toda la exposición fuese en blanco y negro, pero ahora que le tomé fotos a color, sigo pensando en cómo se va reconstruyendo todo el proyecto. La técnica es mixta, analógico/digital, pero siento que las fotos químicas dan un espacio más emocional al no tener la inmediatez de ver la foto.

¿Cuál es tu restaurante favorito y qué nos recomiendas pedir?
Hay dos y ambos ya cerraron. Cerca de casa, en el pueblo de Tlaxcala donde vivo, mi papá nos llevaba a “El Mesón del Corredor”, un restaurante bastante gourmet para una infancia en los dos mil. Tenían una arrachera muy rica; antes de enterarme de que la arrachera es un corte corriente, me encantaba (de hecho, me sigue gustando). También ofrecían una salsa de ajo finamente picado en aceite de oliva con pimientos, algo así como una salsa criolla o chimichurri. En aquel entonces yo era un niño y mi pueblo no estaba tan globalizado, así que para mí esa delicia era de Santo Toribio, Tlaxcala. El otro restaurante era una pizzería que frecuentaba en mis veintes; allí le tomé el gusto a la pizza margarita. Era muy rica, no la mejor, pero era donde podía pagar una pizza que me gustaba mucho por poco dinero. Lamentablemente, quebró en la pandemia.

Si este mes tu vida fuera una película, ¿qué título tendría y quién haría el soundtrack?
Enero de 2026 se siente como el inicio de muchas cosas que no quiero saber; prefiero que todo me sorprenda. Tengo espíritu aventurero y hogareño, así que The Gloaming haría el soundtrack y la película sería el inicio de una trilogía, empezando por: “El verdadero inicio de mi camino a la noche oscura del alma”.

Recomiéndanos uno o más artistas que sigas, que te inspiren, y dinos qué es lo que más te gusta de su trabajo o de su forma de trabajar.
Vivian Maier me gusta mucho por su forma de hacer autorretratos y retratos íntimos de las personas de su ciudad. Alonso Ruizpalacios es, para mí, el mejor director mexicano de la actualidad; me gusta cómo escribe y retrata personajes cotidianos pero súper interesantes en sus películas. Silvana Estrada está haciendo cosas maravillosas con su música; ojalá algún día haga una canción para una de mis películas. Me encanta su capacidad vocal e instrumental, así como la manera de hablar honestamente de sus procesos. Por último, Gustavo García Lezama, fundador de Tribu Galez, hace música terapéutica y medicina para acompañar procesos muy complejos; es un gran ser humano y maestro.