Paulina Garza

¿Cómo nació RAM RAM y su taller, y qué lo hizo diferente desde el principio?
RAM RAM nació de una manera muy casera, desde la curiosidad, la creatividad y las ganas de crear productos que realmente disfrutara usar. Poco a poco, lo que comenzó como un proyecto pequeño fue creciendo, tomando forma y convirtiéndose en lo que somos hoy.
Si hay algo que nos ha acompañado desde el principio, es la intención de hacer las cosas lo mejor posible. Siempre hemos buscado trabajar con ingredientes de gran calidad, cuidar cada detalle y establecer estándares muy altos para nuestros productos. Con el tiempo, esa búsqueda nos llevó a profesionalizar nuestros procesos, invertir en desarrollo y trabajar de la mano con especialistas para perfeccionar nuestras fórmulas.
Me gusta pensar que hemos logrado crecer sin perder nuestra esencia: seguimos teniendo la curiosidad y las ganas de experimentar de los primeros días, pero hoy contamos con el conocimiento, los procesos y la estructura necesarios para llevar esas ideas mucho más lejos.

¿Qué parte del día, del espacio o del proceso creativo disfrutan más quienes trabajan en RAM RAM?
Creo que una de las partes más bonitas es el momento de crear, experimentar y formular. Nos gusta que siempre exista un espacio para el juego y la curiosidad, incluso dentro de procesos que requieren muchísima precisión y rigor.
Desarrollar productos implica investigar, probar, medir, documentar y estandarizar. Es fundamental que cada fórmula sea consistente, segura y tenga la calidad que buscamos. Sin embargo, también creemos que la creatividad necesita espacio para respirar. Nos gusta mantener una ventana abierta a nuevas ideas, ingredientes y posibilidades.
Para nosotros, formular es una combinación de ciencia y creatividad. Hay una parte muy técnica que nos permite hacer productos cada vez mejores, pero también hay una parte intuitiva, sensorial y experimental que hace que el proceso siga siendo emocionante.

Si alguien entra por primera vez al taller, ¿qué es lo que no debería perderse?
Los olores, definitivamente. Me encanta que en el taller convivan tantos aromas provenientes de los ingredientes naturales con los que trabajamos: las flores, las hojas, los aceites esenciales y todas las materias primas que forman parte de nuestras fórmulas.
Es un lugar donde los sentidos están muy presentes. Hay texturas, aromas y pequeños detalles que te recuerdan constantemente de dónde vienen nuestros ingredientes y todo lo que podemos crear a partir de ellos.
También me gustaría que las personas percibieran el ambiente del taller. Es un espacio de trabajo, pero también es un lugar amigable, creativo y lleno de vida. Para mí, es importante que la experiencia de estar aquí se sienta cercana, que puedas hacer preguntas, descubrir cosas y entender un poco más de lo que hay detrás de cada producto.

¿Cuál ha sido un desafío interesante que los haya hecho replantearse algo sobre el proyecto?
Uno de nuestros grandes retos ha sido aprender a crecer sin comprometer la calidad. Cuando comienzas de manera muy artesanal, puedes trabajar de forma intuitiva, experimentar sobre la marcha y hacer ajustes con mucha libertad. Pero cuando un proyecto crece, necesitas asegurarte de que esa calidad se mantenga en cada producto, en cada lote y en cada ocasión.
Eso nos ha llevado a trabajar muy de cerca con ingenieros químicos, revisar nuestros procesos, estandarizar fórmulas y desarrollar métodos de producción cada vez más rigurosos. Ha sido un proceso de aprendizaje constante, porque no se trata solamente de hacer un producto que nos guste, sino de entender por qué funciona, cómo podemos perfeccionarlo y cómo garantizar que siempre cumpla con nuestros estándares.
Este proceso también nos ha enseñado a valorar el equilibrio entre la creatividad y la ciencia. Estandarizar no significa quitarle vida a un producto; al contrario, nos permite darles una base sólida a nuestras ideas para que puedan crecer, evolucionar y llegar a más personas sin perder su esencia.

¿Qué influencia, idea o referencia sigue guiando lo que haces hoy?
La naturaleza. Me parece extraordinario todo lo que nos ofrece y la cantidad de posibilidades que existen en ella. Hay una riqueza enorme en las plantas, las flores, los aceites esenciales y los ingredientes naturales que podemos incorporar a nuestras fórmulas.
Para mí, trabajar con estos ingredientes también implica una responsabilidad: aprender a conocerlos, entender sus propiedades, utilizarlos adecuadamente y tratarlos con respeto.
La naturaleza es una fuente constante de inspiración, pero también de humildad. Siempre hay algo nuevo que aprender y descubrir. Eso es lo que más me gusta: sentir que, por mucho que avancemos, todavía existe un mundo de posibilidades por explorar.

¿Qué lugar, proyecto o persona te ha inspirado últimamente y por qué?
Más que una referencia reciente, creo que mi inspiración viene de un recuerdo que me ha acompañado toda la vida.
Desde niña me gustaba jugar a hacer perfumes en el patio de mi bisabuela. Recuerdo esa libertad de mezclar, experimentar e imaginar que podía crear algo a partir de lo que encontraba a mi alrededor. No había una fórmula perfecta ni una expectativa de cómo debía quedar; simplemente existía la emoción de probar.
Creo que esa niña sigue estando muy presente en RAM RAM. Aunque hoy trabajamos con procesos mucho más sofisticados, equipos especializados y estándares de calidad muy altos, me gusta que siga existiendo ese mismo impulso de jugar, crear y descubrir.
Para mí, una de las cosas más importantes es no perder esa capacidad de asombro. Seguir encontrando inspiración en lo cotidiano, atrevernos a experimentar y disfrutar el proceso tanto como el resultado.

Si pudieras invitar a alguien a colaborar por un día, ¿quién sería y qué harían juntos?
Me encantaría invitar a alguien que comparta nuestra curiosidad por la naturaleza, los aromas y las posibilidades de los ingredientes naturales. Alguien con quien pudiéramos pasar el día experimentando, intercambiando ideas y creando sin tener necesariamente una fórmula definida desde el principio.
Imagino una jornada dedicada a explorar ingredientes, descubrir combinaciones inesperadas y desarrollar una nueva idea desde cero. Me gustaría que fuera una colaboración en la que se encontraran distintas formas de ver el mundo: la ciencia, la creatividad y la sensibilidad.
Creo que de esos encuentros pueden surgir cosas muy especiales. A veces, lo más interesante no es llegar con una respuesta, sino sentarse a hacer preguntas nuevas.

¿Hay algún objeto, rincón o detalle de RAM RAM que tenga una historia que pocos conocen?
Creo que una de las historias más especiales está en el propio origen de RAM RAM: la conexión entre aquellos primeros experimentos caseros y lo que hacemos hoy.
Detrás de cada producto existe una historia de pruebas, aprendizajes y muchas decisiones que no siempre se ven en el resultado final. Hay un trabajo importante detrás de cada fórmula, desde la elección de los ingredientes hasta los ajustes necesarios para conseguir el producto que buscamos.
Me gusta pensar que el taller conserva algo de ese espíritu de los primeros días. Aunque los procesos hayan evolucionado y hoy seamos mucho más rigurosos, seguimos creando desde la misma curiosidad que dio origen al proyecto.

Si RAM RAM fuera una ciudad, ¿cuál sería y por qué?
Sería el Monterrey de antes, ese Monterrey que vive en la memoria: más cercano, más sencillo y con una identidad muy marcada. Un lugar con carácter, donde conviven la fuerza de las montañas, el paisaje del norte y una manera muy particular de entender la vida.
Me gusta esa mezcla de raíces y personalidad. Creo que RAM RAM también tiene algo de eso: nace de una historia muy personal, conserva una esencia auténtica y, al mismo tiempo, está en constante evolución.
Para mí, crecer no significa dejar atrás de dónde vienes. Significa llevar contigo aquello que te hace ser quien eres y encontrar nuevas maneras de expresarlo.

Paulina Garza
Fundadora de RAM RAM
instagram.com/ramram_mx