Piggy Limón

Montserrat Díaz

¿Cómo nació este local y qué lo hizo diferente desde el principio?
Piggy Limón nació casi como un experimento de verano. Queríamos crear un lugar donde pudiéramos compartir algunas de las cosas que más nos inspiran: la hospitalidad, los viajes, las flores y esa sensación de que el tiempo puede ir un poco más despacio.

Nos interesaba construir una atmósfera, un lugar que se sintiera más como llegar a la cocina de alguien que disfruta recibir personas.

¿Qué parte del día, del espacio o del proceso creativo disfrutan más quienes trabajan aquí?
Las primeras horas de la mañana.

Cuando acomodamos las flores, los panes, suena la música y entra la luz por la ventana. Son pequeños rituales que hacen que el espacio cobre vida antes de recibir a la primera persona del día.

Si alguien entra por primera vez, ¿qué es lo que no debería perderse?
Nos gustaría que se permitiera quedarse unos minutos. Pedir un café, elegir una pieza de pan, sentarse sin prisa, mirar alrededor y disfrutar la mañana.

¿Cuál ha sido un desafío interesante que los haya hecho replantearse algo sobre el proyecto?
Adaptarnos al espacio, que es pequeño, y aceptar que un proyecto creativo nunca termina de estar listo.

Entendimos que Piggy Limón no tenía que ser perfecto desde el primer día; podía crecer junto con las personas que lo visitan.

¿Qué influencia, idea o referencia sigue guiando lo que hacen hoy?
Nos inspira mucho la hospitalidad entendida como un gesto cotidiano. Los lugares sencillos, con personalidad, donde uno puede volver una y otra vez y siempre sentirse bien recibido.

¿Qué lugar, proyecto o persona los ha inspirado últimamente y por qué?
Nos inspiran esos pequeños cafés que aparecen durante los viajes y que parecen haber sido construidos con calma. Espacios donde cada objeto tiene una historia y donde la hospitalidad se siente natural, casi sin esfuerzo.

También la colaboración con Claudio Limón ha sido una gran inspiración. Más que abrirnos un espacio dentro de Casa Limón, abrió la posibilidad de imaginar y crear algo juntos. Nos recordó que la creatividad muchas veces florece gracias al encuentro entre personas.

Si su espacio pudiera invitar a alguien a colaborar por un día, ¿quién sería y qué harían juntos?
Invitaríamos a Alice Waters.

Porque admiramos la filosofía con la que ha construido Chez Panisse: encontrar belleza en lo cotidiano, la estacionalidad, la importancia de la mesa como lugar de encuentro y entender la hospitalidad como una forma de cuidar a los demás. Esa manera de mirar el mundo nos inspira profundamente y, desde nuestra propia escala, también guía lo que intentamos construir en Piggy Limón.

Nos gustaría compartir con ella una mañana sencilla: visitar un mercado, elegir los ingredientes y las flores del día, hornear pan y preparar un menú inspirado en la temporada. Nos haría ilusión celebrar esos pequeños rituales que hacen especial la vida diaria.

¿Hay algún objeto, rincón o detalle del lugar que tenga una historia que pocos conocen?
Muchos de los objetos de Piggy Limón llegaron antes que el proyecto.

Durante años fuimos guardando pequeñas piezas encontradas en mercados, viajes o tiendas de antigüedades sin saber exactamente dónde vivirían. Piggy Limón terminó convirtiéndose en el lugar donde esos recuerdos encontraron una casa de verano.

Si este proyecto fuera una ciudad, un libro o un disco, ¿cuál sería y por qué?
Sería Las ciudades invisibles, de Italo Calvino.

Porque habla de cómo los lugares se construyen con la memoria, la imaginación y los encuentros, mucho más que con sus edificios. Piggy Limón nació un poco así: de recuerdos de viaje, objetos guardados durante años y personas que fueron encontrando un mismo lugar.

Nos gusta pensar que, más que un café, estamos creando un sitio que alguien recuerde por cómo lo hizo sentir.

Montserrat Díaz
Dueña de Piggy Limón
Pan, café y días de verano
Guadalajara, México

instagram.com/piggylimon