Irina Maximo

¿Cómo nació Oropel y qué lo hizo diferente desde el principio?
Nació porque Fernanda quería abrir una vermutería y me ofrecieron este espacio en Roma Norte, donde yo vivía. Lo diferente fue que era la primera vermutería real de la ciudad: pequeña, con una barra honesta y mesas en la calle. No era un concepto, era necesidad y simpleza.

¿Qué parte del día, del espacio o del proceso creativo disfrutan más quienes trabajan aquí?
Cada quien encuentra su cosa: hay quien vive por la barra y los vermuts de grifo, quien se apasiona con los vinos, quien ama la cocina y hay quienes disfrutan de la pura interacción con la gente. Lo bonito es que todo el espacio funciona para eso.

Si alguien entra por primera vez, ¿qué es lo que no debería perderse?
El vermut de grifo helado, una caña, la hamburguesa y las papas a la francesa. Eso es lo no negociable.

¿Cuál ha sido un desafío interesante que los haya hecho replantearse algo sobre Oropel?
Al principio hacíamos pop-ups con otros restaurantes. Luego vimos la oportunidad de tener nuestra propia cocina en el local de enfrente y dejamos de depender de otros. Eso cambió el proyecto: pasamos de ser una barra con comida ajena a tener voz propia en la cocina.

¿Qué influencia, idea o referencia sigue guiando lo que hacen hoy?
No copiamos: hacemos lo que nos gusta. Tragos clásicos bien hechos, vinos naturales que hablen, tequila bueno. Y buscamos espacios que se sientan de verdad de la zona, esos lugares secretos donde van los locales porque saben que pertenecen ahí.

¿Qué lugar, proyecto o persona los ha inspirado últimamente y por qué?
Lugares, personas y proyectos hay muchos. Pero lo que realmente nos mueve es encontrar esos espacios donde la gente se siente acogida, donde puede ser ella misma. Eso es lo que queremos que sea Oropel.

Si pudieran invitar a alguien a colaborar por un día, ¿quién sería y qué harían juntos?
Cualquiera que traiga un proyecto de gastronomía auténtico, una marca que hable nuestro idioma o cualquier artista que quiera hacer algo en serio con nosotros. Lo importante es que suene verdadero.

¿Hay algún objeto, rincón o detalle del lugar que tenga una historia que pocos conocen?
La casa. El inmueble mismo donde está Oropel tiene historia, pero ese es el secreto que guardamos.

Si Oropel fuera una ciudad, ¿cuál sería y por qué?
Oropel es Barcelona: un lugar donde conviven cosas aparentemente contradictorias (vermut viejo y vinos naturales, barrio turístico y secreto de locales), y eso genera energía genuina. No es nostalgia, pero tampoco es solo trendy. Y, como en Barcelona, la gente no viene de paso, viene porque encontró comunidad. Eso es Oropel.

Irina Maximo
Socia fundadora de Oropel
Vermut, vino natural y comida
CDMX, México
instagram.com/oropelcdmx