La luz, todavía

Arnau Sidera

¿En qué piezas o proyectos has estado trabajando últimamente?
Desde hace dos años vivo en un pequeño pueblo de los Pirineos catalanes. Ese cambio de ritmo ha transformado mi manera de mirar.

Últimamente trabajo en una serie centrada en lo cotidiano: interiores habitados, ventanas abiertas, mesas después de comer, campos en flor, gestos casi invisibles. Me interesa fotografiar aquello que normalmente no se considera “tema”, lo que sucede cuando aparentemente no sucede nada.

Estoy construyendo un diario visual donde lo importante no es el acontecimiento, sino la atmósfera; no la acción, sino la permanencia.

¿Qué aprendiste (o desaprendiste) mientras trabajabas en ello?
Aprendí a no forzar la imagen. A veces la mejor fotografía no es la más espectacular, sino la más honesta.

Desaprendí la necesidad de “explicar” demasiado. Estoy intentando confiar más en la intuición y menos en la narrativa evidente. Si una imagen respira por sí sola, no necesita adornos.

¿Qué palabras, ideas o emociones te rondaban la cabeza?
Silencio. Espera. Luz. Tiempo. Hogar. Verano. Quietud.

Hay una sensación constante de nostalgia suave, pero no triste. Más bien contemplativa. Me interesa esa emoción que aparece cuando algo parece suspendido, como si el momento estuviera a punto de desaparecer.

¿Hubo alguna conversación, película, música o libro que se haya colado en ese trabajo?
Me han influido mucho películas donde aparentemente “no pasa nada”, pero todo está cargado de atmósfera, como las de Terrence Malick. También escucho mucha música mientras edito: canciones que acompañan el ritmo lento del proceso, que no distraen pero sostienen el estado mental, como Hermanos Gutiérrez.

Más que una referencia concreta, diría que me han influido las conversaciones sobre el tiempo, sobre quedarse, sobre cómo habitamos los espacios.

¿Qué fue lo más difícil que has enfrentado últimamente en tu proceso creativo?
La duda. Esa sensación de preguntarte si lo que estás fotografiando es demasiado simple.

Vivimos en una cultura visual muy saturada y a veces es difícil defender una mirada tranquila. Lo más complicado ha sido mantenerme fiel a esa forma de mirar sin caer en la tentación de hacer algo más “impactante” solo por validación externa.

¿Cuál es tu cafetería favorita y por qué te gusta ir ahí?
Obviamente me gustan las cafeterías de especialidad: son bonitas, el café suele ser excelente y hay algo en ese cuidado por el detalle que me resulta atractivo. Pero es verdad que en Barcelona se han multiplicado hasta convertirse casi en un paisaje repetido, hecho para turistas.

Si tengo que elegir, me quedo con un lugar más sencillo y personal: Cafés Roure, al lado del piso donde vivía allí. No era especialmente sofisticado, pero tenía algo esencial: rutina, cercanía y la gente de siempre.

Ahora, desde que vivo en la montaña, en mi pueblo no hay cafeterías. Y, curiosamente, no lo echo de menos. Disfruto cada mañana del proceso de hacerme el café en casa: molerlo, esperar, olerlo. Es uno de los mejores momentos del día. Un ritual pequeño que me centra antes de empezar a trabajar.

Si este mes tu vida fuera una película, ¿qué título tendría y quién haría el soundtrack?
Título: La luz, todavía.

El soundtrack sería minimalista e íntimo, música que acompaña sin imponerse y deja espacio al silencio.

Tal y como he dicho antes, últimamente escucho mucho a Hermanos Gutiérrez. Sus guitarras son contenidas, repetitivas, casi hipnóticas. Construyen emoción sin subrayarla.

Busco algo parecido en mis imágenes: que no griten, que respiren. Que el espectador entre despacio.

¿Con qué estudios, laboratorios o talleres has colaborado recientemente o te gustaría hacerlo en un futuro?
Me gusta colaborar con laboratorios analógicos donde el proceso tenga peso y la fotografía sea también objeto: papel, textura, tiempo de revelado. Habitualmente llevo mis carretes a Carmencita Film Lab, en Barcelona, donde cuidan mucho el resultado.

Recomiéndanos uno o más artistas que sigas, que te inspiren, y dinos qué es lo que más te gusta de su trabajo o de su forma de trabajar.
Hay mucha gente que me inspira, más de la que podría mencionar aquí. Me interesan especialmente fotógrafos que trabajan desde la calma y la coherencia, que construyen una mirada a largo plazo en lugar de perseguir tendencias.

Tengo la suerte de conocer y compartir camino con personas a las que admiro, como Ana Benavent o Bàrbara Balcells Matas. También sigo de cerca el trabajo de Rita Puig-Serra, Àlex Domènech, Lluís Tudela o Beatriz Janer, entre muchos otros.

Arnau Sidera
Me formé en IDEP Barcelona. Actualmente combino la creación artística y los encargos comerciales con el acompañamiento de proyectos de otros autores. Formo parte del colectivo Can Grapes y colaboro con la revista Harpo Mag.
instagram.com/arnau_sidera