Mariana Davila y Mariana Leija

¿Cómo nació este local y qué lo hizo diferente desde el principio?
Imaginamos Índigo como un refugio para escapar de nuestra cotidianidad, de trabajos muy demandantes. Queríamos tener algo nuestro. Amamos el café y la idea era estar en el centro. De ahí, todo fueron bendiciones: el local llegó a nosotros sin buscarlo y no lo pensamos dos veces. El nombre, el menú, todo se dio con mucha naturalidad, como si ya estuviera escrito que era.
Nuestras familias y amigos, todos se sumaron y fue realmente bonito. Las paredes en blanco parecían de un museo y de ahí surgió la idea de la galería. Nuestro primer 14 de febrero metimos una actividad de date & paint y nuestra gente ya no la soltó, y nosotros ya no la quitamos. Desde entonces, Índigo se convirtió en el lugar donde puedes ir a ver arte local, sentarte a crear, tomar un taller creativo, etc. Entonces creo que la creatividad fue lo que hizo a Índigo diferente, que este es un espacio para ser y hacer libremente.

¿Qué parte del día, del espacio o del proceso creativo disfrutan más quienes trabajan aquí?
Nuestro proceso favorito es juntarnos a crear bebidas, platillos, ideas para eventos. Cuando todo el equipo se une para experimentar, nacen cosas increíbles.

Si alguien entra por primera vez, ¿qué es lo que no debería perderse?
Echar un vistazo por la galería y, en esta temporada, nuestro cold brew de mandarina.

¿Cuál ha sido un desafío interesante que los haya hecho replantearse algo sobre el proyecto?
Este año nos cambiamos de local. Creo que mudarse da un poquito de vértigo, pero nos ayudó a reafirmar nuestra identidad. El proceso de rediseñar Índigo fue importante. Llegamos a un lugar más pequeño, pero con más historia. Hoy habitamos un espacio dentro de una casona en el mero corazón del Centro Histórico, paredes de adobe y techos de madera.
Tuvimos que evolucionar, replantearnos qué somos, pero sin perder nuestra vibra.

¿Qué influencia, idea o referencia sigue guiando lo que hacen hoy?
Amamos la idea de la “tercera casa”: un espacio que no es tu trabajo ni tu casa, sino el rincón donde vas a conectar contigo mismo, con tus amigos, comunidad, etc. Nos inspira la convicción de que el Centro Histórico de Saltillo merece espacios vivos, creativos, que realcen nuestra identidad cultural.

¿Qué lugar, proyecto o persona los ha inspirado últimamente y por qué?
Osho decía que la meditación no es irse a una cueva a cerrar los ojos, sino estar cien por ciento presente en lo que haces. Hacer de las pequeñas cosas tu templo. Bajo esta premisa, creemos que detenernos a tomar café es una forma de meditación cotidiana, un ritual del cual nos gusta ser parte.

Si su espacio pudiera invitar a alguien a colaborar por un día, ¿quién sería y qué harían juntos?
Y un proyecto que nos inspira mucho últimamente: Desert Brew Co., cheve artesanal desde el semidesierto, un proyecto muy saltillense y muy chido.

¿Hay algún objeto, rincón o detalle del lugar que tenga una historia que pocos conocen?
La barra en media luna. Mariana se la imaginó así desde el principio y se aferró fuerte a esa idea. Un buen amigo se aventó el primer boceto en papel, y era como lo había soñado. Armar una barra circular y funcional fue un reto técnico, y era mucho más fácil hacerla cuadrada. Afortunadamente, nuestro arquitecto la hizo realidad. Hoy esa barra es el corazón de Índigo.

Si este proyecto fuera una ciudad, un libro o un disco, ¿cuál sería y por qué?
Índigo no puede ser otro lugar que Saltillo, pero nos gusta creer que si fuera una canción sería “El lugar correcto” de Natalia Lafourcade.

Mariana Davila y Mariana Leija
Cofundadoras de Índigo Café Galería
Espacio de encuentros
Saltillo, México
instagram.com/indigo.slw