Pablo Vaca

¿Cómo nació la idea de este “Forensita”?
“Forensita” empezó cuando conocí a Inés y a su familia. Por un lado, Inés me abrió las puertas de su mundo y me lo mostró. Desde que la conocí, me pareció muy curioso el contraste entre ella, que tiene una personalidad llena de vida y es tan divertida, y la seriedad y el respeto con los que lleva a cabo su oficio.
También tuve varias pláticas con Isabel, la madre de Inés, y me llamó mucho la atención cómo hablaba sobre su hija y la relación que tienen ellas dos. Estas conversaciones me conectaron con esta historia y empecé a imaginar cómo se podría llegar a contar en un documental.

¿Qué descubriste (o desaprendiste) mientras lo realizabas?
Aprendí todo y desaprendí muchas cosas. Creo que lo que más me aportó fue descubrir el poder de la observación y de la escritura en la investigación. Es importantísimo estar atento a todo, no solo a lo que pasa en el mundo que estás observando, sino también a los sentimientos que este te transmite. Todo esto tiene formas muy curiosas de colarse en las historias. Un ejemplo es la relación que tienen Inés y su madre. Hay dos escenas en la película en las que ellas platican y son dos de mis escenas favoritas.
Hacer esta película también me expuso a la realidad del oficio forense en México. Es una profesión fundamental para la que hacen falta recursos y personal.

¿Qué imágenes, sonidos o emociones guiaron la construcción de “Forensita”?
Creo que el sentimiento que más me guió fue la ternura. Al ser esta la historia de una adolescente, buscamos retratar su mundo bajo este lente y creo que eso nos acercó, a mí y al equipo, a conectar con la historia. Mis momentos favoritos del rodaje sucedieron en la escuela. Después de filmar, todos en el equipo acabamos recordando cómo fueron nuestras adolescencias y nos dábamos cuenta de que, a pesar de que crecimos en ciudades diferentes, teníamos muchas cosas en común. Este sentimiento fue algo que permeó en la edición; queríamos recordarle a la audiencia las sensaciones de un salón de clases, de un bailable de tabla rítmica o de asistir a unos quinceaños, y que, por medio de estas escenas, pudieran adentrarse y encontrar similitudes con la historia de Inés.

¿Hubo alguna conversación, película, música o libro que se haya colado en ese trabajo?
La serie de fotos Prince Street Girls, de Susan Meiselas, fue una de las referencias de las que Nassif, el fotógrafo, y yo platicábamos mucho. Nos encantan los retratos de esas jóvenes en ese momento tan particular de sus vidas.
Cuando empecé a trabajar con Andrea Rabasa, una de las editoras, la primera escena que trabajamos fue una en la que Inés participa en un baile de tabla rítmica. Mientras veíamos el material, Andrea sacó un libro y me dijo: «Esta secuencia me recuerda a estas fotos». ¡Y era la serie de Prince Street Girls!

¿Cuál fue el mayor reto durante la creación (en la filmación, edición, producción o idea)?
Mi mayor reto fue hacer las paces con el hecho de que Inés estaba creciendo. Al principio de la investigación, yo sentía que, si nos tardábamos mucho en filmar, la historia se nos iba a escapar. Pero, una vez que empezamos a filmar, me di cuenta de que crecer era una capa más dentro de la historia.
Ahora creo que, cuando te enfrentas a la realidad, hay cosas que puedes sentir que están jugando en tu contra, pero, si las ves desde otra perspectiva, pueden terminar informando la narrativa.

¿Cuál es tu restaurante favorito y qué nos recomiendas pedir?
Las flautas ahogadas de papa y las gorditas de chicharrón de La Campana, en la Del Valle, son increíbles. Nassif y yo comimos muchas veces ahí durante la preproducción, y muchas de nuestras mejores conversaciones las tuvimos ahí.

Recomiéndanos algún artista que sigas, que te inspire, y dinos qué es lo que más te gusta de su trabajo o de su forma de trabajar.
Me encanta el trabajo de Antonia Alarcón, sobre todo sus piezas de flores; me fascinan la libertad y la ligereza que transmiten.

Pablo Vaca
Cineasta mexicano. Ha trabajado en el desarrollo y la investigación de documentales, incluyendo la serie Juan Gabriel: Debo, puedo y quiero (2025), de la que formó parte del equipo de investigación.
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