Precisamente ahora,
que me senté a meditar,
vino a mi cuerpo el dolor que estaba distrayendo con pantallas,
y pude escuchar el cansancio de mi espalda.
Ahora que exhalé el aire que estaba guardando en mis pulmones con tanta ansiedad,
se destapó la cloaca de mi garganta
y se evaporó el sabor a podrido que estaba atrapado en mi boca.
Cuando deshice los nudos de mis puños,
la sangre volvió a correr por mis manos,
Mis palmas recibieron la frescura del ambiente
y mi cuerpo regresó a su temperatura.
El momento en que solté una carcajada,
los años de mi frente dejaron de apilarse desesperados
y empezaron a bailar.
Hasta mis pestañas aprovecharon para hacerle cosquillas a mis ojos.
En cuanto me atreví a pararme de cabeza,
un amor profundo que estaba pisando con las plantas de mis pies,
por fin encontró camino para recorrer mi cuerpo, como un reloj de arena,
hasta llegar a mis pensamientos.
Cuando liberé a mis lágrimas,
ellas me enseñaron el camino de regreso a mi corazón.
Me sumergí en el mar de mi pecho,
dejé que la sal me limpiara
y aprendí a flotar conmigo misma.
Precisamente ahora,
que dejé de huir y empecé a ceder espacio a todas mis tensiones,
comencé a habitarme con ternura.
Me olvidé de ser vista
para dedicarme a observar.
Ya no quiero tener, quiero ser.
Muy poco han hecho por mí los apegos.
Lo que no es ligero pesa demasiado.
Precisamente ahora, me parezco más a un pájaro:
ya no lucho contra el viento.
Mantengo los brazos abiertos.
Photography by Paulina Rodriguez Lopez.

Mexican writer with experience in the editorial world. She draws from her own perceptions and sensitivity, playing with and exploring words to build intimate universes where emotion and reflection intertwine.
