Mujer, pájaro

Precisamente ahora,
que me senté a meditar,
vino a mi cuerpo el dolor que estaba distrayendo con pantallas,
y pude escuchar el cansancio de mi espalda.

Ahora que exhalé el aire que estaba guardando en mis pulmones con tanta ansiedad,
se destapó la cloaca de mi garganta
y se evaporó el sabor a podrido que estaba atrapado en mi boca.

Cuando deshice los nudos de mis puños,
la sangre volvió a correr por mis manos,
Mis palmas recibieron la frescura del ambiente
y mi cuerpo regresó a su temperatura.

El momento en que solté una carcajada,
los años de mi frente dejaron de apilarse desesperados
y empezaron a bailar.
Hasta mis pestañas aprovecharon para hacerle cosquillas a mis ojos.

En cuanto me atreví a pararme de cabeza,
un amor profundo que estaba pisando con las plantas de mis pies,
por fin encontró camino para recorrer mi cuerpo, como un reloj de arena,
hasta llegar a mis pensamientos.

Cuando liberé a mis lágrimas,
ellas me enseñaron el camino de regreso a mi corazón.
Me sumergí en el mar de mi pecho,
dejé que la sal me limpiara
y aprendí a flotar conmigo misma.

Precisamente ahora,
que dejé de huir y empecé a ceder espacio a todas mis tensiones,
comencé a habitarme con ternura.
Me olvidé de ser vista
para dedicarme a observar.

Ya no quiero tener, quiero ser.
Muy poco han hecho por mí los apegos.
Lo que no es ligero pesa demasiado.

Precisamente ahora, me parezco más a un pájaro:
ya no lucho contra el viento.
Mantengo los brazos abiertos.

Photography by Paulina Rodriguez Lopez.