David Birruete Cano

¿Cómo nació este local y qué lo hizo diferente desde el principio?
Cucurucho and Company nació cuando entendimos que el café no tenía por qué terminar en la taza.
Desde el principio no quisimos construir solo otro lugar para tomar café. Nos interesaba crear una casa donde el café pudiera conversar con otras formas de sensibilidad: música, diseño, hospitalidad, tecnología, tradición, comunidad y pensamiento. No como decoración alrededor del café, sino como una manera más amplia de entenderlo.
Para nosotros, el café es un oficio, pero también es un lenguaje. Tiene ritmo, temperatura, memoria, silencio, repetición y carácter. Lo que comenzó como un proyecto alrededor del café terminó convirtiéndose en una casa cultural construida desde el café.

¿Qué parte del día, del espacio o del proceso creativo disfrutan más quienes trabajan aquí?
Hay dos momentos que revelan muy bien lo que somos.
El primero ocurre en la barra, cuando el espacio está abierto al público. Ahí el café funciona como una puerta. Una persona llega por una taza, pero muchas veces la conversación se desplaza hacia la música, los viajes, los libros, el diseño o las ideas que cada quien trae consigo. La barra es el lugar donde el café deja de ser un producto y se vuelve un encuentro.
El segundo momento sucede alrededor del tostado. Cuando la máquina empieza a trabajar, el espacio cambia de respiración. El aroma ocupa la sala, los sonidos marcan un ritmo y toda la atención se concentra en algo que exige presencia, sensibilidad y precisión. Ese momento nos recuerda que antes de servir una taza hay un oficio completo, una cadena de decisiones y una forma de escuchar la materia.

Si alguien entra por primera vez, ¿qué es lo que no debería perderse?
La experiencia completa.
Cucurucho and Company se entiende mejor cuando se vive que cuando se explica. Claro que el café importa, pero también importa la música que está sonando, la manera en que se mueve la barra, la luz del espacio, los objetos, las conversaciones y los pequeños detalles que aparecen sin pedir permiso.
Nos gusta pensar que la primera taza es apenas la entrada. Después, cada persona descubre otra capa: el oficio, el diseño, la hospitalidad, la energía del lugar y esa sensación de estar dentro de una casa que todavía se está escribiendo.

¿Cuál ha sido un desafío interesante que los haya hecho replantearse algo sobre el proyecto?
La hospitalidad.
Durante mucho tiempo pensamos que una gran experiencia dependía principalmente del producto. Con el tiempo entendimos que el verdadero reto está en las personas: cómo se forma un equipo, cómo se transmite una visión y cómo se convierte el cuidado en una práctica constante.
Tenemos una idea muy clara de la hospitalidad que queremos construir, pero sabemos que todavía estamos en camino. Eso también nos interesa. La hospitalidad no es una frase bonita ni un gesto aislado. Es disciplina, repetición, atención, sensibilidad y carácter. No se alcanza de una vez; se practica todos los días.

¿Qué influencia, idea o referencia sigue guiando lo que hacen hoy?
La idea de que el café puede ser mucho más que una bebida.
Nos interesa entenderlo como un punto de encuentro entre personas, oficios, disciplinas e ideas. Un lugar donde la técnica pueda convivir con la intuición; donde la tradición no sea una jaula, sino una raíz; donde la innovación no sea ruido, sino lenguaje.
También nos guía una convicción muy simple: las cosas importantes toman tiempo. En una época que premia la velocidad, nosotros seguimos creyendo en la repetición, en el aprendizaje constante y en la construcción paciente de una identidad propia.
Más que perseguir tendencias, buscamos desarrollar un lenguaje. Algo que pueda cambiar, crecer y transformarse sin perder coherencia.

¿Qué lugar, proyecto o persona los ha inspirado últimamente y por qué?
Nos inspiran los proyectos que logran convertirse en universos completos.
Lugares donde la arquitectura, la música, los objetos, la atención y el ritmo del servicio parecen responder a una misma visión. No porque todo sea perfecto, sino porque existe intención detrás de cada decisión.
Japón es una referencia importante para nosotros, no solo por su estética, sino por su manera de sostener dos fuerzas que parecen opuestas: el respeto profundo por el oficio y una apertura constante hacia el futuro. Hay algo muy poderoso en una cultura capaz de dedicar décadas a perfeccionar una práctica y, al mismo tiempo, seguir explorando nuevas posibilidades.
Ese equilibrio entre disciplina y curiosidad, precisión y evolución, tradición y futuro sigue influyendo mucho en la forma en que entendemos nuestro trabajo.

Si su espacio pudiera invitar a alguien a colaborar por un día, ¿quién sería y qué harían juntos?
Si pudiera ser una colaboración imposible, invitaríamos a Ryuichi Sakamoto.
No solo por su música, sino por su manera de entender el sonido como una forma de pensamiento. Nos interesaría construir con él una pieza dentro del espacio: una experiencia donde el tostado, la barra, las máquinas, las voces, el agua y el silencio funcionaran como instrumentos.
No sería un concierto. Sería una composición viva alrededor del café. Un día para escuchar cómo suena un lugar cuando todo lo que ocurre en él tiene intención: la extracción, la palanca, el molino, la respiración de la máquina, el gesto de servir y la pausa antes de probar.

¿Hay algún objeto, rincón o detalle del lugar que tenga una historia que pocos conocen?
La música es uno de ellos.
Muchas personas la perciben de forma inconsciente, pero ocupa un lugar fundamental dentro del proyecto. Pensamos mucho qué suena, cuándo suena y cómo acompaña el ritmo del espacio. Para nosotros, la música no es decoración; es parte de la arquitectura emocional del lugar.
También hay objetos que cuentan nuestra historia. Uno de ellos es la Leva de La Marzocco. Más allá de ser una máquina de espresso, representa varias cosas que valoramos: oficio, diseño, precisión y una relación más consciente con el café. Su sistema de palanca vuelve visible el proceso de extracción y convierte cada preparación en un ejercicio de atención, técnica y diálogo.
Otro elemento importante es nuestro sistema de café Six Simple Machines. Nos interesa porque cuestiona la manera tradicional en que se presenta el café y abre nuevas posibilidades para la experiencia.
Quizá lo que une a todos estos elementos es que ninguno llegó por casualidad. Cada uno responde a la misma búsqueda: explorar distintas formas de vivir, compartir y entender la cultura del café.

Si este proyecto fuera una ciudad, un libro o un disco, ¿cuál sería y por qué?
Sería un disco.
Uno de esos álbumes que no se agotan en la primera escucha. La primera capa puede ser directa, pero después empiezan a aparecer detalles: un sonido escondido, una tensión, una pausa, una textura que antes no habías notado.
Nos interesa construir experiencias de esa manera. La primera capa puede ser una taza de café, pero después aparecen la música, el espacio, los objetos, las conversaciones, el oficio y los detalles que cada persona descubre a su propio ritmo.
Quizá por eso nos identificamos más con un disco que con una ciudad o un libro. Porque un disco se revela con el tiempo. Se entiende en repetición. Y sentimos que Cucurucho and Company está exactamente en ese proceso: todavía estamos componiéndolo.

David Birruete Cano
Fundador y Director de Cucurucho and Company
Freedom is the new wave
CDMX, México
instagram.com/cucuruchoandcompany