¿En qué piezas o proyectos has estado trabajado últimamente?
Últimamente he estado pensando mucho en proyectos analógicos y románticos, en volver a materiales y tiempos más lentos. También me interesa la restauración de piezas vintage, darles un nuevo uso y sentido dentro de mi hogar, entendiendo ese gesto como una forma de cuidado y resignificación.
He escrito mucho durante este proceso, y muchas de esas palabras giran en torno a una misma idea: una sensibilidad hacia lo roto, lo viejo, lo usado, lo gastado, lo caminado, lo sentido. Hay una identificación muy fuerte con todo aquello con carga histórica, marcas y memoria. A quienes ven belleza en eso, los entiendo.

¿Qué aprendiste (o desaprendiste) mientras trabajabas en ello?
Aprendí que muchas veces elijo ver las cosas desde su familiaridad con mis propias dolencias, y otras veces —cada vez más— entiendo que las cosas son mucho más que la suma de sus partes, al igual que nosotros.
En lo analógico y en lo vintage aparece un patrón que me interpela: los defectos, las marcas y los errores suelen volver a las piezas aún más hermosas. En un rollo de treinta y seis fotos, a veces ninguna sale como esperaba, pero casi siempre algo me sorprende. Y esa sorpresa se volvió una parte esencial de mi proceso.

¿Qué palabras, ideas o emociones te rondaban la cabeza?
He pensado mucho en el amor, la tristeza, en viajar, en el mar y en eso que solo se cura viendo el mar, en muchas dudas que siento sobre mí y en estar en paz con esa incertidumbre.

¿Hubo alguna conversación, película, música o libro que se haya colado en ese trabajo?
Hubo conversaciones muy importantes que se filtraron en este proceso, especialmente en torno al amor: amar y ser amada tal como una es, los límites con el otro, hasta dónde dejamos avanzar al otro en nuestro propio terreno y cuánto permitimos que nuestros miedos tomen el control bajo la idea de cuidarnos, cuando en realidad muchas veces eso termina siendo una forma de encierro.
También estuvieron muy presentes algunas referencias culturales, como la película High Fidelity y el libro El precio de la pasión de Rolón, que resonaron con muchas de las preguntas que me atraviesan hoy.

¿Qué fue lo más difícil que has enfrentado últimamente en tu proceso creativo?
Lo más difícil ha sido atravesar el síndrome del impostor junto con la necesidad constante de producir y publicar para sostener una identidad creativa. En ese proceso, también apareció el desafío de desapegarme de los resultados, de no medir el valor de lo que hago únicamente en función de la respuesta inmediata. Aprender a confiar en el proceso, incluso cuando no hay validación externa, ha sido una de las partes más complejas de este momento creativo.

¿Cuál es tu restaurante favorito y que nos recomiendas pedir?
Tengo dos favoritos clásicos. Uno es Cocina Gardenia, donde recomiendo la ensalada de pepino y melón con aderezo de tahini, menta y aceite de ají, acompañada de mac and cheese frito con bechamel, limón y salsa. Y el otro es Barloa, para un buen lomo y una birra.

Si este mes tu vida fuera una película, ¿qué título tendría y quién haría el soundtrack?
Se llamaría ¿Cuantos años dura enero?. Soundtrack: “malibU”, de Rusowsky.

¿Con qué estudios, laboratorios o talleres has colaborado recientemente o te gustaría hacerlo en un futuro?
Actualmente me gustaría colaborar e indagar más con fotógrafos/as mendocinos como en propuestas más editoriales, donde pueda participar tanto delante como detrás de cámara, integrando mirada, estilismo y dirección creativa. Realmente estoy abierta a todo
También formo parte de Ritual, un proyecto que impulsa el arte local y el diseño nacional e independiente en Mendoza a través de eventos itinerantes. Nuestra colaboración más reciente fue con Proyecto Uest, una plataforma de visibilidad, incubación y encuentro para el diseño emergente. A futuro, me encantaría colaborar con artistas cuya impronta admiro, como Paloma Domian, por su forma de comunicar, su estilismo y su manera de curar espacios, piezas y hasta música vintage.

Recomiéndanos uno o más artistas que sigas, que te inspiren, y dinos qué es lo que más te gusta de su trabajo o de su forma de trabajar.
Me inspiran artistas que tienen una forma muy personal de ver el mundo y de traducir esa mirada en piezas, imágenes y formas de comunicar. Sigo con mucha atención el trabajo de Sayanie y Mel porque admiro cómo cada una construye un universo propio y coherente, ya sea desde la ropa o la fotografía analógica.

Artista visual y creadora de contenido radicada en Mendoza. Explora la imagen, la moda y lo cotidiano desde una mirada sensible, analógica y en constante proceso.
