Me dijo que lo bueno de los antidepresivos es que su efecto para el trastorno de ansiedad no desaparece con el tiempo,
que solo necesitaría un año de tratamiento.
¿Expectativa? Mucha.
Han pasado tres años.
¿Y qué ha pasado?
La vida.
Escitalopram en las mañanas.
Pregabalina en las noches.
Y, si se pone intenso, Quetiapina.
Y yo, aprendiendo que sanar no siempre tiene calendario.
Fotografía por Xiang Tiange

Oaxaqueña, amante del café, los libros, la naturaleza y los museos, convencida de que cada proyecto puede ser una pequeña revolución sensible.
