Café d’l Árbol

Gerardo González

¿Cómo nació este local y qué lo hizo diferente desde el principio?
Café d’l Árbol nació de una idea que comenzamos a imaginar años atrás entre Canek y yo, Gerardo, que somos primos: crear un pequeño carrito de café y colocarlo en nuestra propia colonia. La idea quedó en pausa durante un tiempo, hasta que Canek decidió retomarla junto con Luis, quien se integró como socio al proyecto.

Poco a poco comenzó a tomar forma el carrito, pensado para moverse manualmente y formar parte del espacio cotidiano de la colonia.

Mientras Canek y Luis trabajaban en hacerlo realidad, yo comencé a construir su identidad visual y de marca. Desde el principio decidimos no definirlo todo; queríamos que la marca pudiera encontrar su personalidad conforme conocíamos a la gente y entendíamos nuestro lugar.

El nombre surgió de manera muy natural: el carrito está instalado en una jardinera, debajo de un árbol, y además vivimos en Circuito del Árbol, dentro de Fovissste. Todo terminaba apuntando al mismo nombre. Así comenzó Café d’l Árbol a principios de 2026, literalmente desde nuestra colonia y bajo un árbol.

¿Qué parte del día, del espacio o del proceso creativo disfrutan más quienes trabajan aquí?
Las tardes tienen algo especial. Por las mañanas vemos muchas de las mismas caras, pero normalmente todos estamos dentro de la rutina: camino al trabajo, con prisa, por un café y a seguir el día. Por la tarde el ritmo cambia. La gente regresa del trabajo, llega a casa y puede simplemente caminar unos metros para encontrarse con una pequeña barra de café dispuesta a recibirla.

Algunos vecinos terminan sentándose a conversar con el barista o con Canek, contándonos cómo estuvo su día o simplemente hablando de cosas cotidianas. Para nosotros esa es una de las partes más especiales: el café deja de ser solamente algo que servimos y se convierte en un pequeño punto de encuentro.

Si alguien llega por primera vez, ¿qué es lo que no debería perderse?
Más que algo específico del menú, creemos que debería darse la oportunidad de quedarse un momento. Es un espacio abierto donde puedes sentir la corriente de aire, ver caer el atardecer y sentarte bajo la sombra del árbol mientras tomas un café. Puedes platicar con quien te acompaña, conversar con nosotros o simplemente estar.

No tratamos de entretenerte ni de llenar cada momento con algo; solo queremos ofrecerte una pausa dentro de lo cotidiano. Si decides quedarte y acompañarnos un rato, probablemente ahí entiendas mejor lo que es Café d’l Árbol.

¿Cuál ha sido un desafío interesante que los haya hecho replantearse algo sobre el proyecto?
El arranque fue probablemente nuestra primera gran prueba. Canek lideró prácticamente toda la construcción del carrito y muchas cosas las fuimos aprendiendo sobre la marcha. Al principio parecía casi una broma: solucionábamos algo y uno o dos días después aparecía otro problema. Se descomponía alguna parte del carrito, fallaba la máquina o surgía algo que nos obligaba nuevamente a detenernos.

A eso se sumaron periodos de ventas bajas propios de un negocio que apenas comenzaba. Canek tuvo mucha constancia para resolver cada problema, mientras Luis y yo tratábamos de mantener el ánimo y seguir avanzando. Viéndolo ahora, esa etapa nos enseñó paciencia, capacidad para adaptarnos y, sobre todo, que realmente queríamos continuar con el proyecto incluso cuando las cosas no salían como esperábamos.

¿Qué influencia, idea o referencia sigue guiando lo que hacen hoy?
Hay una idea que cada vez guía más lo que hacemos: volver a lo sencillo. En Tijuana hemos visto crecer muchísimo la cultura del café y, con ella, ciertas tendencias que hacen que muchos espacios compartan estéticas, bebidas, formas de comunicar y dinámicas similares. Nosotros nunca sentimos la necesidad de competir desde ese mismo lugar.

Por nuestra ubicación, nuestra gente y la manera en que nació la marca, entendimos que podíamos tomar otro camino: hacer bien las cosas simples. Servir un buen café, recibir bien a las personas y construir un lugar donde puedan coincidir vecinos con edades, trabajos, gustos y realidades económicas distintas.

Nos interesa que el diseño y la cultura del café no se conviertan en una barrera para nadie.

¿Qué lugar, proyecto o persona los ha inspirado últimamente y por qué?
Nos inspiran mucho los vendedores ambulantes que forman parte de la vida cotidiana de una colonia: quien pasa vendiendo tejuino, nieves, tamales o pan. Crecimos viendo este tipo de comercio y, de alguna manera, sentimos que nosotros también somos parte de eso.

Somos un carrito en tu colonia que te ofrece algo tan cotidiano como una taza de café. Lo que hemos intentado hacer es poner el foco en esa experiencia y contar la historia que existe alrededor de ella. Por eso documentamos nuestros eventos, las visitas y a nuestra gente a través de fotografía y video.

Nos interesa mostrar de una manera visualmente atractiva algo que en realidad es muy sencillo y que muchos mexicanos, y particularmente muchos tijuanaenses, conocemos desde siempre: salir de casa y encontrarte algo bueno a unos cuantos pasos.

Si su espacio pudiera invitar a alguien a colaborar por un día, ¿quién sería y qué harían juntos?
Probablemente no invitaríamos a una sola persona. Nos gustaría compartir el espacio con una michoacana, una fondita, una cerería o alguien que prepare comida propia; pero también con artistas, pintores, fotógrafos, músicos, bailarines, corredores o ciclistas.

Nos interesa la gente que está haciendo cosas desde su propia comunidad. De hecho, algo de esto ya sucede en un evento que hacemos y llamamos Bazar de Colonia, donde reunimos distintos proyectos en un mismo lugar. Nuestra colaboración ideal sería justamente eso: juntarnos, compartir lo que cada quien sabe hacer y crear un espacio de convivencia y comercio local alrededor del café.

¿Hay algún objeto, rincón o detalle del lugar que tenga una historia que pocos conocen?
Hay algunos detalles escondidos dentro de nuestra identidad que vienen directamente de nuestra familia. Canek y yo somos primos y, curiosamente, ambos compartimos también el nombre Antonio. Por eso Antonio es una de las tipografías principales de nuestra identidad; es un detalle muy sutil que probablemente nadie notaría sin conocer la historia.

También tenemos un logotipo alternativo cuya forma recuerda a un árbol de guayabas de nuestra abuela. Nunca quisimos que estas referencias fueran demasiado evidentes; simplemente fueron pequeñas maneras de dejar algo de nuestra historia familiar dentro de Café d’l Árbol. Hasta en la identidad gráfica hay pequeñas raíces que vienen de casa.

Si este proyecto fuera una ciudad, un libro o un disco, ¿cuál sería y por qué?
Sería difícil convertir Café d’l Árbol en un solo disco. Sería más bien la música que puedes escuchar caminando por una colonia. En una casa pueden estar sonando Los Cadetes de Linares, Ramón Ayala o Los Tucanes de Tijuana; unos metros después Maná, Enanitos Verdes o Hombres G; y en otra, Michael Jackson, Juan Gabriel, Rocío Dúrcal, cumbia o sonidero.

Esa mezcla representa bastante bien lo que sucede aquí. Conviven personas de distintas edades, gustos y contextos, y cada una trae consigo una parte de su mundo.

Si Café d’l Árbol fuera música, sería la playlist de una colonia entera: diversa, un poco impredecible y familiar al mismo tiempo.

Gerardo González
Director creativo de Café d’l Árbol
Café de colonia, sin tanto rollo
Tijuana, México
instagram.com/cafedlarbol