Cadenas que liberan

¿En qué piezas o proyectos has estado trabajando últimamente?
Además de seguir explorando a las ballenas en todos los materiales y técnicas posibles, en estas últimas semanas he estado trabajando en paralelo en dos frentes: mi proyecto fotográfico “Cadenas que liberan” y una serie de ilustraciones que abordan temas como el acoso laboral, la zona de confort y el síndrome del impostor.

¿Qué aprendiste (o desaprendiste) mientras trabajabas en ello?
Este proceso ha sido un aprendizaje constante, tanto a nivel técnico como conceptual.

En ilustración, descubrí lo desafiante —y gratificante— que es crear imágenes con una secuencia narrativa, lograr que cada pieza dialogue con la siguiente y, juntas, cuenten una historia. También me atreví a experimentar con materiales nuevos y a salir un poco de la comodidad de lo digital, lo cual me abrió otras posibilidades creativas.

En fotografía, aprendí a soltar el control. Al realizar las tomas desde mi bici, únicamente con la cámara de mi celular, tuve que aceptar que las imágenes serían más espontáneas y experimentales, menos calculadas. (También aprendí que no es nada seguro hacerlo en otra bici que no sea la mía).

Y, en cuanto a las ballenas, este año me animé a trabajar la cerámica, lo cual ha sido todo un reto y una gran satisfacción.

¿Qué palabras, ideas o emociones te rondaban la cabeza durante este proceso?
Libertad, ciudad, resiliencia.
Encierro, abuso, miedo.

¿Hubo alguna conversación, película, música o libro que se haya colado en ese trabajo?
Sí. Dos libros en particular me acompañaron mucho en este proceso: El síndrome de la impostora y Cómo hablar balleno.

Ambos me inspiraron y, de alguna manera, dialogaron con las piezas que estaba creando.

¿Qué fue lo más difícil que has enfrentado últimamente en tu proceso creativo?
Enfrentarme todos los días a Úrsula, mi impostora interna.
Esa voz que insiste en decirme que nada de lo que hago tiene valor, que todo está visto, que alguien más lo hará mejor que yo. Aprender a convivir con ella —y a no dejar que tome el control— ha sido uno de mis retos más grandes.

¿Cuál es tu restaurante favorito y qué nos recomiendas pedir?
Café de Raíz. Si van, no se pierdan sus tamales de arroz o el Zacahuil. Son una delicia.

Si este mes tu vida fuera una película, ¿qué título tendría y quién haría el soundtrack?
Título: El universo siempre ha sabido sacarme de donde ya no debo estar.
Soundtrack: The Smiths y Depeche Mode.

Recomiéndanos algún artista que sigas y te inspire. ¿Qué es lo que más te gusta de su trabajo?
Me inspiran muchas personas, incluso desconocidos cuyas acciones despiertan algo en mí. Pero si tengo que mencionar nombres, hay dos artistas que han marcado mucho mi camino en los últimos años:

Enrique Abe: fotógrafo, ilustrador, diseñador y maker. Admiro profundamente su proceso creativo y su capacidad de materializar ideas. Parte de un boceto en papel y logra llevarlo a un render, después a impresión 3D, para crear moldes y contramoldes en silicón, producir piezas en concreto o cerámica, diseñar el empaque y finalmente hacer la sesión fotográfica. Su manera de unir disciplinas y cerrar cada proyecto de forma integral me parece fascinante.

Diana Zela: ilustradora mexicana y amiga. Además de su increíble talento para crear ilustraciones y libros ilustrados, admiro su generosidad y espíritu colaborativo. Diana siempre está dispuesta a compartir sus conocimientos, sin envidia ni recelo. Es creativa, trabajadora, organizada y profundamente profesional. Su actitud me inspira tanto como su obra.