¿En qué piezas o proyectos has estado trabajando últimamente?
Estoy tratando de ampliar mis horizontes. Desde que inicié he capturado momentos cotidianos, animales y experiencias viajando. Ahora mi enfoque es más experimental ya que estoy aprendiendo a retratar a personas; trato de capturar expresiones para intentar descubrir y moldear ese estilo.

¿Qué aprendiste (o desaprendiste) mientras trabajabas en ello?
La fotografía analógica es un vaivén de emociones y frustraciones. La paciencia es la mayor virtud para este aprendizaje. De tanto error uno entiende más cómo funciona y la verdad es un sentimiento tan enriquecedor, aunque puede llegar a ser desalentador.

¿Qué palabras, ideas o emociones te rondaban la cabeza?
Naturaleza, nubes, teoría del color, nostalgia.

¿Hubo alguna conversación, película, música o libro que se haya colado en ese trabajo?
Inicié con la fotografía gracias a una película adaptada. Uno de los personajes tenía demasiadas cámaras, fotografiaba su día a día y revelaba en el laboratorio de su escuela, demostrando que parte de ella era eso. Para mí, en ese entonces, era una ambición adquirir una camarita, siendo que tenía nula experiencia en cómo usarla. Me aventuré a aprender lo que más pude, adquiriendo técnicas y, sobre todo, conociendo mis cámaras. La fotografía siempre será un sentimiento nostálgico.

¿Qué fue lo más difícil que has enfrentado últimamente en tu proceso creativo?
Aún me falta desarrollar mi proceso creativo.

¿Cuál es tu restaurante favorito y qué nos recomiendas pedir?
El Ootoya es un restaurante japonés que a quien se lo recomiendo termina fascinado. Nunca fallan los dumplings de Szechuan.

Si este mes tu vida fuera una película, ¿qué título tendría y quién haría el soundtrack?
No sé si algo en específico, pero mi vida siempre la trato de ver animada. La animación últimamente sale de lo original y se supera en nivel de detalles.

Recomiéndanos uno o más artistas que sigas, que te inspiren, y dinos qué es lo que más te gusta de su trabajo o de su forma de trabajar.
Vinur es una gran inspiración, además de ser un buen maestro y amigo; y Paloma Amaya es la mejor profe de cerámicas y su arte es bellísimo.

Nací en Santiago de Chile en febrero de 1997. Egresada de la universidad de Santiago de Chile como Administradora Pública.
