Alejandra Vázquez Hernández

¿Cómo nació este proyecto y qué lo hizo diferente desde el principio?
AKE STUDIO nació del gusto por crear y compartir. Comenzó mientras estudiaba la Licenciatura en Arte en el ITESO. En ese momento estaba explorando distintas disciplinas para encontrar una práctica con la que realmente conectara, y fue así como llegué a la cerámica.
Empecé aprendiendo en El Níspero y, después de un año de aprendizaje con el maestro Chuy, seguí practicando desde mi casa. Poco a poco mi cuarto se fue llenando de piezas, así que decidí inscribirme a mi primer bazar en una cafetería. Vendí algunas de ellas y eso me motivó a participar en otro bazar dentro de la universidad. Ese día vendí todas las piezas que llevaba y fue un momento que me dio mucha confianza para seguir creando y compartiendo mi trabajo.
Con el tiempo, muchas personas comenzaron a preguntarme si daba clases de cerámica. Al principio no me sentía lista para enseñar, porque creo que acompañar el proceso de alguien más implica una gran responsabilidad. Pero la insistencia fue tanta que decidí abrir un primer taller de un solo día para hacer macetas. Se llenó por completo y, además de disfrutar muchísimo la experiencia, descubrí que también me hacía muy feliz enseñar.
A partir de ahí comenzaron a llegar más talleres, conocí a muchas personas y entendí que una de las cosas que más disfruto es acompañarlas en su proceso creativo. Después llegó el momento de salir de mi cuarto y animarme a rentar un espacio propio. Como cada paso importante, estuvo lleno de miedo, pero siempre he pensado que prefiero intentarlo antes que quedarme con la duda de qué hubiera pasado.
Creo que lo que ha hecho diferente a AKE STUDIO desde el principio es que nunca lo he visto solamente como un taller de cerámica. Siempre ha sido mi lugar feliz, un espacio que he construido con mucho cariño y al que me gusta que las personas sientan que también pertenecen. Ya sea tomando un taller, visitando el estudio o llevándose una pieza, procuro que todo lo que sucede aquí nazca desde una intención genuina y positiva.

¿Qué parte del proceso, del espacio o de la práctica diaria disfrutan más quienes trabajan aquí?
Creo que lo que más disfrutamos es la comunidad que se ha formado alrededor del taller. Más que un lugar para hacer cerámica, se ha convertido en un punto de encuentro.
AKE STUDIO está dentro de una cafetería llamada Instante Santo, donde también conviven otros proyectos creativos: hay un taller de joyería, artistas, un espacio de tatuaje y un proyecto de upcycling. Lo más bonito es que todas somos mujeres y, sin planearlo, hemos construido una red de apoyo muy especial. Compartimos comidas, pláticas e ideas, y siempre estamos celebrando los logros de las demás.
Esa misma energía también se vive en los talleres. Aunque las personas llegan con la intención de aprender cerámica, muchas veces terminan haciendo nuevas amistades, compartiendo historias y encontrando un espacio donde pueden desconectarse un rato del ritmo cotidiano. Creo que esa convivencia es una de las cosas más valiosas que tiene AKE y, en lo personal, es una de mis partes favoritas del día a día.

Si alguien visitara el estudio por primera vez, ¿qué no debería perderse?
Sin duda, hacer una pieza de cerámica desde cero. Creo que trabajar con cerámica nos invita a reconectar con nuestro lado creativo y a recordar el poder que tiene crear algo con nuestras propias manos. Es un proceso en el que las piezas no siempre salen perfectas, pero justamente esas pequeñas irregularidades son las que les dan personalidad y las vuelven únicas.
También me gusta que la experiencia sea tranquila y sin prisas. Mientras trabajas en tu pieza, siempre hay una taza de café, un matcha o un cacao preparado con mucho cariño para acompañar el momento. Al final, más que venir a hacer cerámica, me gusta pensar que las personas vienen a regalarse un espacio para crear, platicar y disfrutar.

¿Cuál ha sido un desafío interesante que te haya obligado a replantearte algo sobre tu trabajo o forma de hacer las cosas?
Creo que la cerámica constantemente pone a prueba tu manejo emocional. Es una práctica en la que, por más experiencia que tengas, siempre hay cosas que se salen de tu control: un esmalte que no reaccionó como esperabas, una pieza que se rompe durante el secado o incluso dentro del horno, o una quema que simplemente no salió como estaba planeada.
Al principio esas situaciones me frustraban mucho, sobre todo cuando había tiempos de entrega o expectativas muy altas. Pero con el tiempo entendí que la cerámica también enseña a soltar el control y a confiar en el proceso. Siempre hay algo que aprender de cada error y, como ceramista, terminas desarrollando la capacidad de adaptarte, buscar soluciones y tener un plan B, C o hasta D.
Creo que esa ha sido una de las lecciones más valiosas que me ha dado este oficio: entender que no todo tiene que salir perfecto para tener valor. A veces son justamente los procesos más difíciles los que más te enseñan y los que te hacen crecer, tanto como artista como persona.

¿Qué influencia, idea o referencia sigue guiando lo que haces hoy?
Creo que una de las ideas que más sigue guiando todo lo que hacemos en AKE STUDIO es recordar que las cosas hechas con las manos también llevan un pedacito de quien las crea. Por eso siempre intento que cada pieza, cada taller y cada experiencia nazcan desde un lugar de calma, cariño e intención.
También creemos mucho en hacer las cosas lo mejor que podamos, pero sin perseguir una perfección imposible. Si durante el proceso nos frustramos, preferimos hacer una pausa, cambiar de actividad o simplemente descansar. La cerámica nos ha enseñado que trabajar desde el cansancio o la presión rara vez da buenos resultados.
Me gusta pensar que las piezas conservan un poco de la energía con la que fueron hechas. Por eso, además de enseñar una técnica, me interesa que el taller sea un espacio donde las personas puedan bajar el ritmo, disfrutar el proceso y reconectar con su creatividad.

¿Qué lugar, proyecto o persona te ha inspirado recientemente y por qué?
Últimamente me inspira mucho la cuenta de The Turmeric Times, porque me recuerda que es posible vivir la práctica de la cerámica de una manera muy orgánica y compartirla desde un lugar honesto. Me gusta cómo muestran el proceso, el día a día del taller y la belleza de las pequeñas cosas, sin sentir que todo tiene que ser perfecto.
También disfruto mucho el trabajo de Florian Gadsby. Además de la calidad de sus piezas, me gusta la forma en que comparte su conocimiento. Sus tutoriales y la manera en que explica cada paso son muy claros y generosos, y siempre termino aprendiendo algo nuevo.
En México, uno de los proyectos que más disfruto seguir es Cara de Planta. Me encanta que sus piezas transmitan mucha personalidad; juegan con el color, las formas y el humor de una manera muy fresca. Me recuerdan que la cerámica también puede ser divertida y sorprendernos.
Creo que, más allá de una estética en particular, me inspiran las personas que comparten su trabajo con autenticidad y hacen que el proceso creativo se sienta cercano. Es algo que también intento construir todos los días en AKE.

Si su espacio pudiera invitar a alguien a colaborar por un día, ¿quién sería y qué harían juntos?
Creo que invitaría a mi versión de niña a pasar un día en el taller. Me encantaría sentarnos juntas a hacer una pieza de cerámica, preguntarle qué le gustaría crear, qué colores escogería y verla experimentar sin miedo.
Creo que el taller es el lugar que me hubiera gustado tener cuando era niña. Un espacio donde alguien me dijera que no importa si una pieza sale chuequita, si te equivocas o si quieres intentar algo diferente; que crear también es jugar, descubrir y confiar en tus propias ideas.
Me gustaría decirle que no tenga miedo de ensuciarse las manos, de experimentar todo lo que quiera y de seguir su curiosidad. Que no hay una única forma correcta de hacer las cosas y que, muchas veces, las piezas más bonitas nacen justo cuando dejamos de buscar la perfección.
Creo que, de alguna manera, eso también es AKE. Me gusta pensar que cada persona que entra al taller viene a reencontrarse un poquito con esa parte curiosa, libre y creativa que todos tuvimos de niños y que, con el tiempo, a veces olvidamos.

¿Hay algún objeto, herramienta, rincón o detalle del espacio que tenga una historia especial?
Creo que el rincón más especial del taller es el espacio del torno. Sus paredes están llenas de dibujos e ilustraciones de amigos, artistas que admiro y personas que me han inspirado en distintos momentos. Poco a poco he ido coleccionando esas piezas y me gusta pensar que cada una cuenta una pequeña parte del camino que ha recorrido AKE.
También hay un pilar donde tengo fotografías de mi familia y de mis amigos más cercanos. Es un detalle muy sencillo, pero significa mucho para mí. Cada vez que entro al taller y veo esas fotos, siento que mi red de apoyo está cerquita, acompañándome de alguna manera.
Me gusta rodearme de las personas y del arte que me inspira, porque siento que también hacen del taller un lugar más cálido.

Si el estudio fuera una ciudad, un libro o un disco, ¿cuál sería y por qué?
Creo que sería un pueblo pequeño. De esos donde la gente se conoce por su nombre, donde puedes caminar sin prisa, tomar un café, entrar a un taller y platicar con quien esté ahí. Un lugar donde las cosas pasan despacio y todavía hay tiempo para hacerlas con calma.
Fun fact: El nombre de AKE nació por un error del autocorrector. Mi nombre es Ale, pero en WhatsApp muchas veces se cambiaba automáticamente a “Ake”. Poco a poco mis amigos empezaron a decirme así de broma y, cuando llegó el momento de nombrar el proyecto, el nombre ya se había quedado conmigo.

Alejandra Vázquez Hernández
Fundadora y directora creativa de AKE STUDIO
Cerámica creativa
Piezas hechas a mano y talleres
Guadalajara, México
instagram.com/akestudio_ceramica