Marysol Ruelas

¿En qué piezas o proyectos has estado trabajando últimamente?
Uno de mis trabajos más recientes ha sido Trenzas, una exposición fotográfica que explora el linaje femenino, la relación entre madres e hijas y las distintas formas en las que aprendemos a ser mujeres. La presenté por primera vez hace algunos meses y, posteriormente, volví a trabajar en ella desde una nueva perspectiva.
Ha sido un proyecto muy íntimo para mí; una forma de mirar hacia adentro y acercarme a un vínculo que también atraviesa mi propia historia.
Aunque en este momento estoy explorando distintos lenguajes y proyectos creativos, el retrato sigue siendo la parte de la fotografía que más amo. Me interesa profundamente la posibilidad de conectar con otros seres humanos y tratar de encontrar, a través de una imagen, algo de su esencia.
También me gusta mucho estar del otro lado. He trabajado como modelo y disfruto profundamente la experiencia de estar frente a la cámara. Creo que haber vivido ambas experiencias me ha permitido entender la imagen desde perspectivas distintas y acercarme al retrato de una manera muy particular.
Actualmente, gran parte de mi energía está puesta en Prieto Lindo, el nuevo disco de Jadi Espinoza. Estoy colaborando en la dirección y el desarrollo de su universo visual.

¿Qué aprendiste (o desaprendiste) mientras trabajabas en ello?
Con Trenzas confirmé algo que a veces se nos olvida: tenemos una capacidad infinita de crear. Muchas veces esperamos sentirnos completamente listas, tener la idea perfecta o encontrar el momento ideal para comenzar, cuando en realidad el momento es ahora.
He ido dejando atrás la idea de que necesito tener todo resuelto antes de crear. A veces solo hay que empezar y permitir que el proceso nos vaya mostrando el camino.
Prieto Lindo, por otro lado, me ha enseñado muchísimo sobre la colaboración. Entender que compartir una idea no significa perderla, sino permitir que crezca y se expanda.

¿Qué palabras, ideas o emociones te rondaban la cabeza?
Gratitud, expansión, calma y nostalgia.
Hay también una sensación difícil de nombrar: como estar parada en un lugar desde el que puedo mirar todo lo que he recorrido mientras, al mismo tiempo, siento que algo nuevo empieza a abrirse frente a mí.
Hay emoción, pero también nervios. Supongo que ambas cosas aparecen cuando estamos frente a algo que realmente nos importa. Estoy aprendiendo a convivir con esa incertidumbre sin querer resolverla de inmediato, y a disfrutar un poco más el proceso de no saber exactamente hacia dónde voy, pero sentir que estoy en movimiento.

¿Hubo alguna conversación, película, música o libro que se haya colado en ese trabajo?
Han sido muchas conversaciones conmigo misma.
Tal vez la más recurrente tiene que ver con conectar profundamente conmigo para después poder compartir algo con los demás.
Hay una frase o sensación que vuelve constantemente: tengo tanto amor para dar. Y creo que, de alguna manera, mi trabajo creativo también tiene que ver con encontrar formas de compartirlo.
Una de las series que más me ha inspirado es Olafur Eliasson: The Design of Art. Verla fue un momento muy importante para mí, porque fue cuando tomé la decisión de que quería ser artista. Me entró la idea de crear experiencias y conectar con otras personas desde lugares que a veces no pueden explicarse del todo con palabras.

¿Qué fue lo más difícil que has enfrentado últimamente en tu proceso creativo?
Probablemente, luchar contra mí.
Contra el autosabotaje, contra esa voz que a veces me hace creer que todo tiene que salir perfecto o exactamente como lo imaginé. He tenido que aprender que intentar controlar cada resultado también puede convertirse en una forma de detenerme.
Con el tiempo he entendido que la perfección no está en que todo ocurra como imaginábamos, sino en permitir que las cosas sean lo que terminan siendo.

¿Cuál es tu cafetería favorita y por qué te gusta ir ahí?
La Librería La Malinche. Es una pequeña guarida de libros rodeada de naturaleza, un espacio tranquilo y fresco donde el tiempo parece moverse de otra manera. Me ha permitido conectar mucho más con la lectura y con las letras.

Si este mes tu vida fuera una película, ¿qué título tendría y quién haría el soundtrack?
Ahorita.
¿El ahorita es ahora o es muy lejano? Siento que estoy en un momento de transformación y crecimiento, intentando acercarme cada vez más a la persona y a la artista que quiero ser, pero sin presiones. Y descubriendo todo lo que ya existe dentro de mí.
Es un momento de búsqueda, de creación y de movimiento. Todavía no siento que haya llegado a ningún lugar definitivo, pero estoy aprendiendo a disfrutar el camino y todo lo que está ocurriendo mientras avanzo.
El soundtrack, definitivamente, sería de Jadi Espinoza. En este momento escucho sus canciones prácticamente todos los días, no solo porque estoy trabajando en Prieto Lindo, sino porque estoy sumergiéndome en cada una de ellas para encontrar la mejor manera de construir su mundo visual.

¿Con qué estudios, laboratorios o talleres has colaborado recientemente o te gustaría hacerlo en un futuro?
Mensualmente realizo un taller de conversación, donde el espacio nos permite compartir nuestros pensamientos sin ser juzgados.
También he tenido la oportunidad de exponer en la Casa de Cultura Fernando Luján y Casa 12, ambas en Puerto Escondido.
En la Quinta Gameros, en Chihuahua, tuve la oportunidad de formar parte de una exposición desde otro lugar: frente a la cámara.
Y, sin duda, uno de mis sueños sería simplemente tener la oportunidad de conocer el estudio de Olafur Eliasson. Es un espacio que me inspira muchísimo por la manera en que reúne arte, investigación, arquitectura, diseño y experimentación.

Recomiéndanos uno o más artistas que sigas, que te inspiren, y dinos qué es lo que más te gusta de su trabajo o de su forma de trabajar.
Desde lo visual, Juan Carlos Beltrán es un fotógrafo que me inspira muchísimo. Me interesa especialmente la manera en que combina fotografía, diseño e inteligencia artificial para construir imágenes y conceptos con una identidad muy propia. Su forma de experimentar con estas herramientas, sin perder una visión personal, me parece increíble y representa una gran fuente de inspiración para mí.
Jadi Espinoza, el ya muy mencionado anteriormente. Me encantan sus letras y su manera de escribir; tiene una forma muy particular de transformar experiencias y emociones en canciones con la que me siento profundamente identificada. Además, trabajar de cerca con su música me ha permitido conocer y explorar mucho más su universo creativo.
Además, Anthony Escandón. Me atrae la profundidad de sus letras y la manera en que logra encontrar significado en cosas que, a simple vista, pueden parecer cotidianas o muy simples. Hay algo en su sensibilidad y en su forma de observar el mundo con lo que conecto mucho.

Marysol Ruelas
Comunicóloga, fotógrafa, diseñadora gráfica y gestora cultural, originaria de Ciudad Juárez, Chihuahua.
instagram.com/marysolruelash