Daniel Santolo Franco

¿En qué piezas o proyectos has estado trabajando últimamente?
Estoy desarrollando Cartografía en Tránsito, un proyecto que mapea el paisaje interior de la migración a través de los cuerpos de mi círculo más cercano: amigos y compañeros de viaje cuyas identidades existen en transición permanente. Migrar es adaptarse mientras cargas todo lo que dejaste atrás. No pertenecemos del todo al lugar al que llegamos, pero ya no resonamos completamente con el lugar de donde venimos. Existimos en ese espacio intermedio. Y, sin embargo, ahí también hay celebración: la capacidad extraordinaria de florecer en la incertidumbre, de construir comunidad desde la vulnerabilidad. El proyecto es un retrato de esa resiliencia.

¿Qué aprendiste (o desaprendiste) mientras trabajabas en ello?
Más que aprender, reafirmé algo que ya sabía, pero necesitaba sentir de nuevo: los vínculos lo son todo. Sostenerse mutuamente no es un lujo; es la única forma real de salir adelante. La comunidad no es el contexto del trabajo, es el trabajo mismo.

¿Qué palabras, ideas o emociones te rondaban la cabeza?
Palabras aparentemente contrarias: amor y pérdida, unión y desasosiego, carga y ligereza. Y una idea que se repite: el cuerpo tiene más memoria que la mente. Recuerda todo lo que hemos vivido, incluso aquello que ya no podemos nombrar.

¿Hubo alguna conversación, película, música o libro que se haya colado en ese trabajo?
El proyecto nació de conversaciones muy cercanas: con mi pareja, que es ucraniana, y con mi hermana, que también vive en Barcelona. Los tres somos migrantes, los tres construyendo una vida lejos de casa. Hay algo que nos repetimos con frecuencia: lo dichosos que somos de tenernos, de poder apoyarnos. De esa certeza nació todo: la idea de que el verdadero hogar no es un lugar, sino las personas que eliges sostener y que te sostienen.
Musicalmente, el disco Vendrán lluvias suaves, de Silvana Estrada, me ha acompañado en cada etapa del proceso. Hay en su música esa misma dualidad que busco en el proyecto: una melancolía que no renuncia a la esperanza.

¿Qué fue lo más difícil que has enfrentado últimamente en tu proceso creativo?
Encontrar dónde catalogar mi propio trabajo. Tiene muchas aristas; igual que los migrantes, no termina de pertenecer del todo a un lugar o a otro. Al principio eso me generaba ansiedad. Poco a poco aprendí a verlo como lo más honesto que podía hacer: un trabajo que también existe en tránsito.

¿Cuál es tu cafetería favorita y por qué te gusta ir ahí?
Mi cafetería favorita es aquella en la que estoy con mis amigos: ese lugar del que siempre nos vamos con la sensación de que nos faltó tiempo para hablar. En Barcelona, ese lugar suele ser el café de LOT.

Si este mes tu vida fuera una película, ¿qué título tendría y quién haría el soundtrack?
Aguanta, que ya viene el sol.
El soundtrack estaría compuesto entre Sufjan Stevens y El Búho.

¿Con qué estudios, laboratorios o talleres has colaborado recientemente o te gustaría hacerlo en un futuro?
Para impresión trabajo con CopiaLab e Impressionart, ambos en Barcelona: dos espacios donde el cuidado por el detalle y la calidad del papel se notan en cada entrega.

Recomiéndanos uno o más artistas que sigas, que te inspiren, y dinos qué es lo que más te gusta de su trabajo o de su forma de trabajar.
Me quedo con cuatro, todos con raíces venezolanas o latinoamericanas.
Como pilares históricos, el fotógrafo Alfredo Boulton y el escultor Francisco Narváez: dos venezolanos que entendieron que retratar a su gente era un acto político y poético al mismo tiempo.
Entre quienes trabajan hoy, Suwon Lee y María Elena Pombo: dos artistas cuya forma de mirar el cuerpo y la identidad me recuerda constantemente por qué hago lo que hago.

Daniel Santolo Franco
Soy un artista visual venezolano viviendo ahora en Barcelona, España. Parte de mi trabajo se basa en encontrar lo sublime en lo cotidiano y explorar todo el entramado que conlleva ser migrante, latinoamericano entiendo sus complejidades y sus virtudes.
instagram.com/santolofranco