El diario a través de la imagen

¿En qué piezas o proyectos has estado trabajando últimamente?
Últimamente, mi trabajo se ha concentrado en un proceso de búsqueda y reencuentro con la fotografía. Las imágenes recientes nacen del placer visual personal y de la atención a aquello que aparece frente a mí, del acto de mirar y dejar que la imagen se construya desde la observación.

El recorrido completo, desde la toma hasta el revelado, es una parte fundamental de mi práctica, ya que me permite establecer una relación más íntima con la escena retratada. Revelar mis propias fotografías se ha convertido en un espacio de exploración y aprendizaje, donde lo artístico, lo experimental y lo personal se entrelazan. En este momento, continúo trabajando la fotografía como un medio de expresión, reflexión y aprendizaje constante.

¿Qué aprendiste (o desaprendiste) mientras trabajabas en ello?
Sigo en un proceso de aprendizaje (y desaprendizaje) constante. He aprendido a observar con mayor atención, a disfrutar la conexión que surge en el acto de fotografiar y a entender el error como una parte fundamental del proceso. Muchas veces, aquello que no resulta como se espera termina enseñándome más que el acierto.

También, he aprendido a resignificar la imagen de archivo, lo cotidiano y lo aparentemente insignificante. Mi mirada cambia día con día: lo que hoy me interesa, mañana puede dejar de hacerlo, y viceversa. En este proceso, intento mantener viva la curiosidad y no dejar de mirar el mundo con los mismos ojos con los que un día aprendí a fotografiar.

¿Qué palabras, ideas o emociones te rondaban la cabeza?
Suelo cargar con mi cámara casi todo el tiempo. Hay momentos en los que prefiero solo observar y no fotografiar, para no interrumpir la sensación que me provoca lo que tengo enfrente. Mantengo una atención constante, una especie de estado de alerta, abierta a la posibilidad de que algo aparezca y merezca ser fotografiado.

Las palabras que me acompañan suelen ser impulsos internos: “mira”, “observa”, “fotografía”. Las emociones aparecen como instantes breves, similares a un atardecer: duran poco, pero permanecen grabados.

¿Hubo alguna conversación, película, música o libro que se haya colado en ese trabajo?
Últimamente, lo que se ha filtrado en mi trabajo es una mirada más introspectiva y personal. Me interesa entender mi propia forma de expresar y observar. Me siento saturada por la cantidad de imágenes que circulan en redes sociales y por la sobreestimulación cotidiana, incluso en los trayectos más simples del día. Aun así, intento transformar esa saturación en materia para mi trabajo fotográfico.

La fotografía me permite sostener una emoción que muchas veces no puede narrarse con palabras. En ese sentido, la lectura de La cámara lúcida de Roland Barthes (1990) ha sido una referencia importante. Su idea de que la fotografía repite mecánicamente algo que no volverá a repetirse existencialmente resuena profundamente en mi práctica.

Fotografío desde esa conciencia: cada imagen es un instante que fue y no volverá a ser igual. Tal vez por eso sigo fotografiando, por la necesidad de recordar y de capturar lo vivido, incluso en medio de una saturación constante de imágenes. Para quien la hace y la vive, cualquier fotografía vale la pena.

¿Qué fue lo más difícil que has enfrentado últimamente en tu proceso creativo?
Lo más difícil en mi proceso creativo ha sido enfrentar la duda constante. Aunque muchas veces siento el impulso de querer fotografiarlo todo, también atravieso momentos en los que no quiero fotografiar nada. Me cuestiono si lo que tengo enfrente realmente vale la pena ser fotografiado.

Esa contradicción se intensifica al estar rodeada de imágenes en internet, donde la comparación aparece y me hace dudar del valor de mis propias fotografías. Son pensamientos que surgen mientras cargo la cámara, diciéndome que lo que observo no es suficiente.

Sin embargo, vuelvo una y otra vez a la idea que sostiene mi práctica: que todo puede valer la pena si existe el deseo de fotografiarlo. Fotografiar también es un acto de confianza.

¿Cuál es tu restaurante favorito y qué nos recomiendas pedir?
Gallo y Toro en Guadalajara. Pidan todo. Es riquísimo. También, Mariscos el Duende. Pidan los camarones al coco y el aguachile. Las porciones son enormes, así que pidan con cuidado.

Si este mes tu vida fuera una película, ¿qué título tendría y quién haría el soundtrack?
El diario a través de la imagen, soundtrack por Natalia Lafourcade.

Recomiéndanos uno o más artistas que sigas, que te inspiren, y dinos qué es lo que más te gusta de su trabajo o de su forma de trabajar.
Edward Hopper. Me inspira mucho el tipo de encuadre y ambientación en sus pinturas. Siempre trato de ver como miraba él. Cada que quiero fotografiar pienso: “Si estuviera Hopper el día de hoy aquí, conmigo en San Juan de Dios, ¿cómo pintaría él este espacio?”.

Vivian Maier. Su fotografía de calle siempre me inspira. Es una buena forma de reconectar conmigo, mi cámara y mi caminata durante mis mandados al centro, a cualquier lugar. Cualquier espacio era buen lugar para retratar a alguien haciendo “algo”. De eso se encargó Maier de fotografiar.

Heo Kang. No estoy muy segura si es artista, o qué hace este chico en su vida. Lo encontré en Instagram porque subió unas fotos que le hizo a su desayuno, a su té del medio día, a las flores que compró de regreso a casa después de trabajar. Sin filtro ni edición. Solo fotografiando su actividad del momento. Yo, que fotografío hasta qué me voy a desayunar, disfruto mucho de este tipo de fotografía.