Camino en contra del viento, sintiendo mi cuerpo ataviarse en tremor. He perdido la lucidez, las luces de esta ciudad tan destellantes y extrañas.
Dando pasos largos, pesados y desequilibrados, resonando en el concreto y la hojarasca. Contemplo el sucio horizonte, irreconocible. Vaticino un final descompuesto, quizá herido.
Un cariño que se deshizo como la luz entrecortada de ocaso, desapareciendo en varias direcciones ignotas. Una completa insensatez, furia desatada, henchido de duda.
Yo era entonces el desastre encarnado en humano, la melancolía hecha figura y la cara de un zumbido angustioso. La voz suspirando su aprisionada penumbra.
Cuánta violencia en tu silencio.
Llévate el abismo vertiginoso que vibra bajo mis pies. La soledad que me cubre como manta. Mi hastío es colérico. Llena este campo vacuo con la ínfima presencia de tus manos.
Con la cabeza al filo de un sueño y los ojos entornados siento las piernas flotar. Me aferro con escasas uñas, dedos sangrantes. Hasta de pronto convertirme en nada.
Fotografía por Rafael Moguel Martínez

Arquitecto de profesión y apasionado por crear. Además del diseño de espacios, tanto la escritura como la fotografía han sido un refugio, espacios que me han permitido explorar con los sentimientos y con la curiosidad por ver con otros ojos lo que nos rodea.
